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Abinader convoca diálogo ante crisis de petróleo

Abinader convoca diálogo ante crisis de petróleo

Ante los efectos negativos de la guerra de Estados Unidos, Israel contra Irán, que pone en riesgo la estabilidad y la gobernabilidad en prácticamente todos los países del mundo, incluyendo el nuestro que no produce petróleo, el presidente Luís Abinader ha convocado a un diálogo a las “fuerzas vivas” de la nación, recibiendo el apoyo de diversos sectores políticos, económicos y sociales.

Ante el llamado del presidente Abinader se han expresado distintos grupos empresariales, sociales y políticos.

Siempre he considerado que los “consensos” son propios de gobiernos dictatoriales, autocráticos, no de regímenes democráticos donde prima la pluralidad y donde los intereses de clases se manifiestan con todas las garantías de libertad. Tal es el caso de la República Dominicana donde tenemos un presidente que es garante de los derechos de todos para decir lo que piensa y actuar en consecuencia.

En ese sentido, el presidente Abinader ha lanzado la bola; está en el otro lado de la cancha, como en un juego de tenis.

No es la primera vez que Abinader llama a la unidad, al consenso, para encontrar soluciones a las crisis que periódicamente atraviesa el país. Lo ha hecho en otras ocasiones, como también lo han hecho otros presidentes que le antecedieron en el cargo. En ocasiones el llamado a la “unidad nacional” no se logra. Se pierde tiempo, energía y hasta dinero, sin que se logre lo deseado.

Cuando Abinader llama al diálogo lo hace de buena fe, no actúa demagógicamente, ni busca beneficios políticos y mucho menos electorales. No está en campaña electoral. Es decir, no busca votos, ni engañar a nadie. Su llamado es fruto de una preocupación sincera al ver cómo se deteriora la situación geopolítica.

No estoy en desacuerdo con Abinader cuando procura reunir a todos los sectores para la elaboración de un plan para enfrentar la crisis que amenaza con prolongarse y poner en juego el clima de libertad y bienestar que vive el país, sobre todo de un pueblo que “piensa con el estómago”.

El que quiera participar en la discusión, que lo haga, el que no esté de acuerdo, que no lo haga, que lo diga y no participe. Es el derecho de cada uno.

Ahora bien, el presidente Luís Abinader fue elegido mayoritariamente por el pueblo para tomar decisiones, no siempre simpáticas, no siempre agradables. Muchas tienen un costo político, un riesgo que debe tomarse.

En ese sentido, “venga gente, venga pueblo, vengan todos”, pero el que no lo desee, el que no lo quiera, por una razón u otra, que se quede.  Así funciona el sistema democrático.  Pero eso no impedirá el plan, ni la toma de decisiones.

El sacrificio debe ser de todos: gobierno, empresarios, políticos, partidos, senadores, diputados, alcaldes, regidores, etc.