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Graduarse en París

Graduarse en París

La Ciudad de la Moda, sobrenombre con el cual se le conoce a París, es una localidad que «nunca pasa de moda». Este centro urbano siempre ha sido referencia y símbolo de calidad y profesionalismo. Haber estudiado o vivido en la capital francesa es sinónimo de estatus, abolengo, y en nuestro país la gente «se mata» por tener la experiencia, aunque sea cruzar como viajero, de ver aquella metrópolis bañada en su parte norte por el río Sena.

Pues a mediados del siglo XIX las cosas no eran diferentes. Para esa época, la Ciudad de la Luz, otro mote con que se conoce la villa que aloja el Museo del Louvre y la Torre de Eiffel, daba tremendo cachet a quien lograba pasar por allí. Los eruditos de ese tiempo —incluyendo a Pedro Henríquez Ureña—desataron un berenjenal sobre quién fue el primer médico graduado en París, y el historiador Vetilio Alfau Durán en su Clío (Escritos II) se refiere al debate en cuestión.

Para algunos Juan Francisco Alfonseca, nacido en la barriada de San Carlos el 28 de marzo del 1846 fue el primer galeno en doctorarse en la urbe parisina. Becado por el gobierno de turno, Alfonseca junto a otros médicos, recibió su execuátur en el idioma francés el 14 de septiembre del 1874. Henríquez Ureña destaca que su padre, el presidente Francisco Henríquez Ureña, también era egresado de una universidad galo.

Hasta el patricio boricua Ramón Emeterio Betances, quien residía en el país europeo se hizo eco de la graduación del facultativo sancarleño. Pero igualmente, se consigna que el doctor Alejandro Llenas y Julia, nacido en Santiago de los Caballeros en el año 1846, fue el primer dominicano desde la independencia graduado en medicina y cirugía en París.