Sin temor a cometer un error, se puede afirmar que la independencia de Puerto Rico se fraguó desde territorio dominicano durante el siglo XIX; esto así debido a que el patricio borinqueño Ramón Emeterio Betances tuvo durante toda su vida maravillosos vínculos con nuestro pueblo.
Atado de pies y manos al destino dominicano, el ideólogo de la emancipación boricua era hijo del dominicano Felipe Betances, y a la vez su concubina de 35 años de feliz unión era dominicana; asimismo, gran parte de su vida la pasó aquí.
El prócer del Grito de Lares vino por primera vez al país en el año 1867, siendo recibido con honores debido a su tenaz lucha por la causa nacional durante la Guerra de la Restauración. Betances siempre mantuvo activo y encendido el amor por esta tierra, al extremo de que tenía las cortinas de los balcones de su casa formadas de tres colores: azul, rojo y blanco, reproduciendo los símbolos patrios.
Fue gran amigo de Gregorio Luperón con quien urdió planes para echar a conservadores criollos del poder; también entabló una gran amistad con el padre Meriño, de quien escribió en francés sobre su vida.
Desde aquí preparó Betances todo lo concerniente a la insurrección armada que liberaría Puerto Rico, acción que terminó en un estrepitoso fracaso y revés inesperado, debido a la artera traición de que fue objeto por parte de Buenaventura Báez, quien en su cuarto gobierno se negó a apoyar cualquier acción que pusiera en peligro el dominio español en la zona.
La desilusión por el Grito de Lares llevó a Betances a París, y desde allí se convirtió en el representante de los gobiernos liberales de la República Dominicana, llegando inclusive a ser diplomático de la nación en Europa.

