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Historias aguardentosas

Historias aguardentosas

Elvis Valoy

Millones de historias se han cristalizado bajo el «fuego inclemente» del alcohol. En muchos casos, los licores se han desempeñado como el «remedio infalible» para «erigir nuevos paradigmas de conducta personal». Muchos seres humanos se transforman inmediatamente ingieren tragos.

Uno que dejó una estela de cuentos aguardentosos es el del Rey del Tango, Carlos Gardel, de quien se cuenta, se salvó milagrosamente de la muerte, luego de que fuera sorprendido flirteando con una mujer amante de un tío del Che Guevara en un cabaret de Buenos Aires, quien le disparó al pichabrava, dejándolo casi por muerto.

Posteriormente, según se cuenta, El Zorzal Criollo —como le llamaban a Gardel— tuvo una refriega a tiros y palos con su guitarrista (¿Quién dijo miedo?); luego de ese evento, se dedicó a «empinar el codo» con el capitán del vuelo en Medellín, en donde perdieron la vida todos los que abordaron el fatídico avión.

Pero si hay una leyenda que parece extraída de un guion de Netflix, esa ha de ser la del cantante boricua Daniel Santos. El Inquieto Anacobero —como se le conocía— «mudó» una mujer en New York, la cual se le fue con Ismael Rivera, por lo que «El Jefe» retó al «Niche» a un duelo, el cual fue impedido por la pronta intervención del padre del Rey Maelo, que era al igual que Santos, un militante independentista del partido de Pedro Albizu Campos. Enterado Bobby Capó del rifirrafe Santos-Rivera, escribió la icónica salsa Qué te pasa a ti.

Y viniendo aquí, el cantautor dominicano Luis Días acudió a principio de los años ochenta a un lupanar de Manoguayabo a investigar sobre la bachata junto a un amigo. Repentinamente, se armó la de «no te menees», huyendo despavorido «El Terror», y recibiendo el amigo un contundente botellazo.