Durante décadas, República Dominicana concibió su política de defensa desde una lógica de dependencia externa casi absoluta.
La adquisición de equipos militares, vehículos tácticos, embarcaciones y sistemas de apoyo estuvo históricamente condicionada a proveedores extranjeros, lo que limitó no solo la autonomía operativa del Estado, sino también su capacidad de adaptación estratégica frente a amenazas emergentes.
Sin embargo, en los últimos años, específicamente durante los años de gestión del actual Presidente Constitucional de la República Dominicana, Luis Abinader, lo mismo que, en la del ministro de Defensa Teniente General ERD Carlos Antonio Fernández Onofre, el país ha comenzado a transitar un proceso que merece atención y análisis: la construcción progresiva de capacidades propias dentro de su industria militar, con expresiones concretas y verificables.
Entre ellas se destaca la reciente fabricación del vehículo blindado VBD-1 FURIA, el fortalecimiento de los Astilleros Navales Dominicanos y ensamblajes de aviones TP-75 Dulus, como pilares de una visión más amplia de defensa, seguridad y desarrollo nacional.
Hablar de industria militar en el contexto dominicano no implica una carrera armamentista ni una vocación belicista. Implica, ante todo, capacidad de diseño, ensamblaje, mantenimiento, adaptación y producción limitada, alineada con las necesidades reales del país.
En ese marco, el VBD-1 (Vehículo Blindado Dominicano) representa un hito simbólico y operativo: un blindado concebido, ensamblado y adaptado a la realidad geográfica, climática y funcional de República Dominicana.
El VBD-1 no es un proyecto ornamental ni propagandístico. Responde a misiones concretas: patrullaje fronterizo, apoyo a operaciones de seguridad, control territorial, protección de infraestructuras críticas y apoyo a fuerzas desplegadas en escenarios de riesgo.
Su diseño prioriza funcionalidad, movilidad y protección, demostrando que la industria militar nacional puede ofrecer soluciones prácticas y sostenibles, sin necesidad de replicar modelos extranjeros de alto costo y complejidad innecesaria.
Este desarrollo tiene una implicación estratégica clara: un país que puede producir, mantener y modernizar parte de sus propios medios terrestres reduce su dependencia externa, optimiza recursos y fortalece su capacidad de respuesta.
Más importante aún, desarrolla conocimiento técnico interno, elemento esencial para cualquier sistema de defensa moderno.
Valentín Rosado Vicioso

