El respaldo público de Rusia ha fortalecido la postura de los iraníes en las negociaciones de un alto al fuego en la guerra con Estados Unidos e Israel que se inició el 28 de febrero.
Los ayatolas han expresado su disposición de levantar el control sobre el estrecho de Ormuz, pero condicionada a que Washington cese el bloqueo sobre el transporte por la vía marítima.
El pulso que ha interrumpido el diálogo se tornó más tenso con la advertencia de China a Estados Unidos de que el bloqueo sobre Ormuz es peligroso.
Mientras las negociaciones se mantienen en un punto muerto, el precio del petróleo ha repuntado en más de un 2 %. Los iraníes presentaron un plan de paz, que se supone fue avalado por Rusia, que excluye el programa nuclear de las negociaciones.
Washington lo ha descartado en principio e incluso el canciller Marco Rubio dijo que no se podía permitir que los ayatolas se salgan con las suyas, pero hoy se habla de una postura más flexible, lo que podría tratar de evitar es que algún tipo de concesión a los ayatolas se vea como derrota. Con todo, no parece que el Gobierno estadounidense tenga muchas alternativas.
La guerra, de la que China y Rusia han obtenido algún tipo de provecho, también ha golpeado con fuerza a los estadounidenses y a muchas otras economías.
Con los muchos intereses en juego, lo cierto es que el panorama de momento no puede ser más confuso. Si por alguna razón Washington se cierra a banda, entonces no queda más que encomendarse al Señor.

