Opinión

Isla al revés

Isla al revés

Cuando el expresidente Joaquín Balaguer escribió en 1983 su libro “La Isla al revés” analizó de una manera objetiva y consciente la ineludible realidad que enfrentamos de habitar y compartir una pequeña isla por dos pueblos de orígenes distintos, dos culturas y costumbres muy diferentes, y la necesidad de que ambas naciones despojadas de prejuicios e incomprensiones históricas superen sus desavenencias, bajo signos históricos políticamente distintos, pero no necesariamente adversos.

Esta obra literaria del gran estadista dominicano, rabioso defensor de nuestra soberanía, del medio ambiente y el desarrollo económico nacional, creando la zapata para nuestro desarrollo como país, estamos seguros que veía en el subdesarrollo acumulado de Haití, un serio desafío y una amenaza para nuestra futura estabilidad como nación, llegando incluso a decir en una ocasión que el mayor problema dominicano era el tema haitiano.

No se equivocaba el estadista ya que este tema haitiano cada día más adquiere ribetes de alarma para nosotros como país dada la inestabilidad política de la vecina nación y las protestas populares que iniciaron hace 16 meses por las alzas en los precios de los alimentos, la corrupción gubernamental.

Actualmente estas protestas se han recrudecido por 7 semanas consecutivas con más de 40 muertes exigiendo la renuncia de su presidente Jovenel Moise, afectando gravemente la salud pública, el transporte, la actividad comercial y la seguridad.

Pandillas armadas cual hordas de tierra arrasada descuartizando en plena vía pública a sus oponentes y los ciudadanos aterrados ante la ausencia de autoridad y ante una comunidad internacional que luce tímida e indiferente, algo que llora ante la presencia de Dios que reclama de acciones concretas por parte de la comunidad y los organismos internacionales.

¿Cómo es posible que ante el convulso e inestable ambiente político y económico de que viene arrastrando esta nación y con quien compartimos la isla, con una frontera prácticamente imaginaria y nuestros limitados recursos para cuidarla y protegernos a nosotros los dominicanos de esta lava expansiva , en el Consejo de Seguridad de la ONU, del cual somos miembros, no se haya persuadido más profundamente y apelado más rabiosamente ante la propuesta donde se aprobó el retiro de la misión policial en Haití (Minujusth), como si ya este país tuviera la estabilidad y seguridad suficiente y pretendiendo reemplazarla con una operación de carácter político con 13 votos a favor y dos abstenciones, de la República Dominicana y Rusia? Nos preguntamos si los que votaron a favor conocen la verdadera realidad haitiana y las nefastas consecuencias de esta medida. Nuestra nación no puede ni va cargar sobre sus hombros una isla al revés en medio del mar del olvido internacional.

El Nacional

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