Una alarmada Unión Europea se blinda frente al Reino Unido para intentar frenar la propagación de una nueva cepa de la covid-19 que sería hasta un 70 % más resistente, a la que se atribuye el repunte del virus en esa nación y de la que se ha detectado al menos un caso en Italia.
Entre los países que han cerrado sus aeropuertos a vuelos procedentes de Inglaterra figuran Bélgica, Austria, Alemania, Francia e Irlanda, en tanto que España dispuso realizar pruebas PCR a los viajeros ingleses y pidió a Bruselas una respuesta coordinada ante la nueva situación.
La aparición de una nueva cepa del coronavirus y el aislamiento por avión, barco y tren del Reino Unido, coincide con las difíciles negociaciones con la Unión Europea sobre un acuerdo comercial que tiene de plazo hasta el 31 de diciembre para evitar una ruptura brusca entre Londres y Bruselas.
Puede decirse que Europa vive momentos de alarma sanitaria y angustia económica, agravada por la presencia en su territorio de una mutación del coronavirus que incide en la propagación de la pandemia, lo que ha motivado que en la mayoría de los países se amplíen las medidas de confinamiento.
Contrario a los esfuerzos europeos para diseñar estrategias contra la propagación del coronavirus y de la presencia de una cepa aún más resistente, en República Dominicana ocurren cosas tan insólitas como la celebración de bodas, cumpleaños, bautizos, fiestas y espectáculos que se convierten en reservorios pandémicos.
El contagio de la covid-19 se propaga muy rápidamente en el Gran Santo Domingo, Santiago, Duarte, La Vega, Puerto Plata y en otros muchos municipios causado por un desenfreno que se reproduce a la par con la pandemia en sectores de clase media alta como en barrios populares.
Ante tan preocupante déficit de conciencia se requiere que los ministerios Público y de Salud actúen drásticamente contra los violadores de las disposiciones oficiales que prohíben las aglomeraciones, sin importar si se trata de bodas, conciertos o cualquier otra actividad que congregue multitudes.
Lo que ocurre en Europa, agobiada por la aparición de una variedad del virus más resistente y de mayor propagación, que representa el 62 % de los nuevos contagios en el Reino Unido, debería servir de espejo a amplios sectores de la población dominicana que rehúsan entender la magnitud de la tragedia y prefieren apostar a la muerte suya