Opinión Articulistas

La mala memoria

La mala memoria

Luis Pérez Casanova

Mucho se ha hablado en este país de la salud mental. Tanto, que poco ha faltado para presentarla como una de las principales prioridades nacionales. Por encima incluso del hambre, las desigualdades, la pobreza y esa caterva de males sociales que tiene a cientos de miles de personas natagueando para salir a flote. No sabe uno si la preocupación es real o reflejo de una corriente internacional que tiene la angustia, el estrés y la crisis de identidad entre los problemas más desafiantes de la vida moderna.

De hecho, ya un médico brasileño sonó la alarma sobre la tendencia de adultas mayores de implantarse senos y de hombres de buscar mecanismos para levantar el pene sin ninguno de los dos medir las consecuencias.

Esas consecuencias no son otras que por el progresivo deterioro de la memoria al cabo del tiempo ni las mujeres ni los hombres recuerden para qué les sirven las cirugías.

No todos los enfermos mentales son los menesterosos que pululan por las calles. Hay muchos otros en apariencia sobrios, pero cuyo comportamiento refleja los signos propios de la patología que inquieta a psiquiatras, psicólogos y otros analistas de la conducta.

Las contradicciones en que suele incurrir el liderazgo político, no propiamente por la apelación al sofisma y la demagogia para captar prosélitos, encajan perfectamente, en el mejor de los casos, en la pérdida de memoria más que en una estrategia de comunicación. Por lo regular los líderes políticos apuestan al olvido, lo que en distintas ocasiones los convierte en víctimas de su propia retórica cuando tratan de descargar en el rival sus desaciertos o incompetencias.

El fracaso del Gobierno es la gran apuesta del liderazgo opositor, razón por la cual lo culpa de todo, pero sin ofrecer soluciones. En la narrativa que se crea, los líderes opositores que han pasado por el poder (caso nuestro) suelen olvidar que en sus gestiones no resolvieron muchos de los males por los que cuestionan a la presente Administración.

Será un recurso estratégico, pero también falta de memoria que la población, la mayoría de las veces impulsada por las emociones, no siempre pondera. Y, aguijoneada por las urgencias del momento, ni siquiera ve que se trata de un insulto que la utilicen como instrumento en el debate político.

La salud mental no deja de ser un fenómeno complejo, que no puede limitarse solo a los indigentes o a un segmento social en particular. La amnesia de la clase política no es ajena a la problemática, no solo en cuanto a retorcer la realidad para manipular a la población, sino cuando un discurso falso se asume como cierto por un problema de mala memoria cuando se trata de desacreditar o descalificar al contrario.