La misión de la OEA



La misión de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA) ha completado un periplo de encuentros con el liderazgo político y de la sociedad civil previo a las elecciones municipales del domingo, en un ambiente, aún con imperfecciones, de democracia política y estabilidad social.

No son muchas las sociedades de América Latina donde un proceso electoral culmina sin ningún tipo de incidente notorio, sin muertos, heridos ni encarcelados, aunque con denuncias anticipadas de compra de votos o de uso discriminatorio de recursos del Estado.

Esa misión de la OEA, encabezada por el expresidente de Chile Eduardo Frei, ha sostenido reuniones con el presidente Danilo Medina, el canciller Miguel Vargas, el pleno de la Junta Central Electoral, los candidatos presidenciales Gonzalo Castillo, Leonel Fernández y Luis Abinader, de quienes ha recibido denuncias, quejas o novedades sobre el proceso electoral.

La OEA ni ninguna otra delegación de observadores electorales puede arrogarse prerrogativas que la Constitución y las leyes asignan a órganos reguladores o de tutela de la ley, por lo que los informes recibidos desde distintos litorales políticos serían útiles sólo para alimentar los informes que presentarán a sus organizaciones matrices.

Hay que suponer que el Gobierno ha ofrecido seguridades a comisionados foráneos y locales de que evitará el uso de recursos públicos para favorecer o perjudicar candidaturas antes y durante el proceso de votaciones, una promesa que debería cumplirse al pie de la letra.

Se insiste en resaltar que las elecciones del domingo se llevarán a cabo en un marco político matizado por la vocación ciudadana de consolidar la democracia y por el respeto a su voluntad de sufragar libremente sin limitaciones o presiones de ninguna índole.

Todos los informes de misiones electorales, incluida la OEA, tendrán que resaltar el comportamiento cívico que han tenido los militantes de todos los partidos y agrupaciones políticas a lo largo de un proceso electoral que ha transcurrido en santa paz.

Del trabajo eficiente y previsor de la JCE, la intervención oportuna de los fiscales electorales, del respeto a la ley, al derecho ajeno y del buen juicio de autoridades y liderazgo político dependerá el anhelado éxito de las votaciones del domingo y signará los informes buenos o malos de esas misiones sobre la democracia dominicana.