Opinión

La no representación

La no representación

La provincia  La Altagracia es una de esas tantas cosas  que derrotan al sentido común y dejan al desnudo la realidad política de los dominicanos. Es esta una de las tantas razones por las que cada vez más se entiende al ejercicio de la política en República Dominicana como un trabajo asqueroso hecho por gente asquerosa para un pueblo asqueroso.

 Amable Aristy Castro es el eterno seudo-representante de  La Altagracia, un verdadero monumento a la irrelevancia del pueblo que allí habita. Electo desde que tengo uso de memoria, sin recordar la vez en la que, en efecto,  asumiera ese cargo para el que es constantemente reelegido.

 Siempre he sido partidario de la eliminación drástica de provincias en este país, y debo decir que  La Altagracia se ganó el primer puesto. Su “representante” la considera un cero a la izquierda que ni siquiera merece tener voz en el Congreso, mejor aún, el propio pueblo de La Altagracia se considera un cero a la izquierda al  votar para no tener representación. Entonces ¿para qué gastar recursos en esa provincia? Anexémosla a Hato Mayor, El Seibo y La Romana, y ahorremos los recursos que se pierden en hacer elecciones, mantener una gobernación, pagar municipios y todas esas cosas que evidentemente no quieren o necesitan allá.

 Pero ojalá y los monumentos de la “no representación” se detuvieran en Amable Aristy Castro. En La Vega reeligen a quizás el único congresista expulsado de sus funciones en pleno ejercicio de su mandato, luego que fuera imputado de montar una mafia de tráfico de seres humanos. En todo el país se dan los ejemplos de seudo-representantes que son electos sin que vivan o hayan pisado en años la provincia que van a “representar”, con casos graves donde se vota gente que ni siquiera vive en el país.

 En teoría existen cuatro grandes filtros para evitar que este tipo de cosas ocurran: primero la Constitución, luego los partidos políticos, quizás la Junta Central Electoral, y en última instancia el pueblo. Es evidente que estos llevan una competencia para ver cuál de ellos es más inservible, y me atrevo a decir que “el pueblo” la va ganando.

 La justificación a este insulto, es que los seudo-representantes “resuelven” en los pueblos que van a no representar. O sea, éstos le pasan unos 500 pesos, les preparan una cena, les montan alguna clínica, les regalan un cerdo en Navidad o les ponen  otro bobo para que sigan chupando.

 De hecho “resolver” es lo que explica la existencia de los barrilitos, lo que promueve los despidos masivos cuando cambia la cabeza de gobierno, lo que trae la asignación de recursos del Estado a los partidos, y es la esencia detrás de la novela de los cargos públicos cada 16 de agosto y 27 de febrero.

Lamentablemente no se acaba de entender que si en efecto los seudo-representantes “resolvieran”, los 500 pesos, la cena, la clínica, el cerdo,  el cargo, el dinero público  y todos esos bobos no fueran necesarios, porque nosotros mismos fuéramos capaces de satisfacer nuestras propias necesidades.      

 En las elecciones pasadas las críticas llovieron sobre la propuesta del voto por “ninguno”. Y  yo pregunto: ¿Hay  diferencia entre ninguno y alguno? Por lo menos a “ninguno” no tengo que pagarle un sueldo con mis impuestos por hacer el trabajo de no representarme.

El Nacional

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