El país se encuentra a las puertas de un acontecimiento nacional cuya trascendencia desborda con creces los anuncios oficiales y la conversación, a veces superficial, que ha circulado en las redes sociales. Estamos ante un proceso que implica la integración de República Dominicana a un sistema de identidad que eleva la noción misma de ciudadanía a un nivel al que nunca antes había accedido.
No se trata únicamente de un nuevo documento, sino de un salto cualitativo en la manera en que el Estado reconoce, protege y valida la identidad de sus ciudadanos.
La nueva cédula indica con claridad que los dominicanos y dominicanas accederemos a un documento concebido bajo los más altos estándares de seguridad: seguro, infalsificable e inviolable.
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El camino hasta aquí no ha sido breve ni sencillo. Ha sido un proceso extenso, marcado por las complejidades propias de un concurso y de una licitación de esta magnitud, con todas las incidencias, tensiones y exigencias que conlleva un proyecto de Estado. Sin embargo, ha estado regido por la integridad, la responsabilidad y el compromiso institucional de hombres y mujeres de la Junta Central Electoral.
Conviene, por tanto, asumir con madurez el proceso histórico que supone este hito en la estructura identitaria nacional y conceder a quienes han gerenciado esta transformación.
Pocos imaginan y casi nadie dimensiona las innumerables jornadas de trabajo que se agazapan detrás de este logro, los sacrificios personales, profesionales y familiares que han sido necesarios para hacerlo posible, y la presión constante que implica construir un sistema destinado a servir a generaciones enteras.
Con este paso, República Dominicana se incorpora al grupo de las naciones más desarrolladas y avanzadas del mundo en materia de documentación nacional de identidad.
Lo hace con la garantía que suponen más de cien medidas de seguridad, distribuidas en tres niveles de aseguramiento y visibilidad; con la utilización de un material soporte diseñado para ofrecer condiciones óptimas de durabilidad e inviolabilidad; y con una tipología de cédulas que reconoce la diversidad de la población, al contemplar documentos específicos para menores de edad, militares, extranjeros y adultos con derecho al voto.

