No alcanzó el 50 % de los votos, pero el 48 % obtenido en las elecciones del domingo en Costa Rica por la oficialista Laura Fernández, una politóloga de 39 años, fue suficiente para evitar una segunda vuelta.
Su partido, aunque alcanzó la mayoría en el Parlamento, no logró los 40 votos que se requieren como mínimo para modificar la Constitución, uno de los objetivos de la mandataria electa para reducir el peso de las instituciones en el Estado.
Como abanderada del modelo del salvadoreño Nayib Bukele, y por añadidura del estadounidense Donald Trump, la joven presidenta electa de una nación que ha sido ejemplo de democracia en la región, no debe confundir su elección con un cheque en blanco. Por más masivo que sea el respaldo que recibió en las urnas.
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La lucha por la seguridad no puede darse a costa de debilitar los derechos y las libertades públicas.

