Siendo Diputado, en diversas ocasiones, me propusieron que adquiriera ambulancias, equipos de fumigación contra el dengue, incluso, que abriera un dispensario de salud, o que ofreciera con frecuencia operativos odontologicos. Y que conste que a todo el que podía ayudar, dentro de las posibilidades, lo hacía, ya que siempre he tenido buena relación con amigos médicos consagrados, y sobre todo, porque para mí la política es servicio.
Siempre les dije que no, que esa no era la función de los legisladores, aunque dejara réditos electorales dentro de ese esquema degradado y oneroso que campa a sus anchas. Que como cuerpo político nos correspondía supervisar los sistemas institucionales: que funcionaran adecuadamente, y que sus presupuestos fueran apropiados.
Que debíamos adquirir suficiente autoridad para ser atendidos por Ministros y Directores, en cualquier reclamo legítimo de comunidades y personas. Aprobar buenas leyes y dar seguimiento a su aplicación…
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En otras palabras, hacer que el Estado y sus instituciones funcionen, no suplantarlas, no mediatizarlas. Pero muchos legisladores me advertían- y quizás no le faltaba razón-, que esa no era la realidad de sus zonas: que sus electores empobrecidos, marginados, entendían que eran Senadores y Diputados- también alcaldes y regidores-, los que debían responder personalmente, incluyendo servicios funerarios.
Así es que se configura el sistema que reparte como favores lo que debe garantizar como derechos y libertades. Que dispensa como gracias el incumplimiento de los deberes y obligaciones. Que en vez de crear ciudadanía genera o refuerza grandes redes de asistidos, desde su indefensión o vulnerabilidad, y sobre todo, que refuerza la pobreza actitudinal, la peor secuela o marca del atraso.
A nadie le debe sorprender que en ese sistema político de despojo (spoils system), empresarios se conviertan en empresaurios, o que el servicio de salud sea un gran pasto de su voracidad rentista, donde hagan “su agosto” extractivo. Y que alimentos, medicamentos y servicios de salud, sean instrumentos favoritos de dominio y peculado.
Todavía recuerdo a este propósito, la fuerte oposición que ciertos sectores empresariales, levantaron contra mi propuesta de consignar “ las licencias obligatorias”, para garantizar competencia y calidad en materia de medicamentos, que aunque fue aprobada, que conozca, nunca se ha empleado en RD.
Lo mismo digo con el empleo de genéricos de calidad garantizada. O peor aún, el bloqueo que se hizo a mi propuesta de Ley de Tamizaje Neonatal para detección temprana de enfermedades metabólicas reversibles y la constitución del médico escolar.
Pelegrín Castillo Semán
pelegrinhcastillos@gmail.com

