Opinión Articulistas

Maquillaje a Maduro

Maquillaje a Maduro

Luis Pérez Casanova

Nicolás Maduro no era ni es santo de devoción de amplios sectores dentro y fuera de Venezuela. Y no podía ni puede serlo al perpetuarse como dictador; amañar y robar elecciones, colmar las cárceles de presos políticos y forzar al más cruel de los exilios político y económico a más de ocho millones de compatriotas. Su ejercicio del poder lo distanció hasta de aliados ideológicos como los presidentes de Brasil, Chile y Colombia, entre otros. Pero tras la vulgar incursión militar para detenerlo y trasladarlo a Nueva York para juzgarlo por narcotráfico, el Gobierno estadounidense ha comenzado a convertirlo en una víctima.

Washington no ha guardado siquiera las apariencias para sacar las garras. La cacareada acusación de que Maduro lideraba el cártel de los Soles no fue incluida en el expediente. Pero lo que más obra en beneficio de su imagen es el interés del presidente Donald Trump de que empresas estadounidenses controlen el petróleo y otros recursos de la patria de Bolívar. Así, el narcotráfico y las violaciones de los derechos humanos no eran más que el pretexto para la acción, porque se ha dado a entender que los objetivos eran económicos.

El curso de los acontecimientos se ha ocupado de despejar interrogantes. Es natural que alrededor de una acción de tanta magnitud, cuyo precedente más cercano puede ubicarse hace 36 años en Panamá, cuando la captura del general Manuel Antonio Noriega, se tejan múltiples especulaciones.

Pero el caso del expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, indultado por Trump tras ser condenado a 45 años de prisión en Estados Unidos resta credibilidad y sinceridad a la lucha contra las drogas a nombre de la cual se invadió a Venezuela y se capturó a Maduro.

Al poner más énfasis en lo económico que en lo político, e incluso reconocer a las actuales autoridades encabezadas por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, Washington patentiza que la democracia es lo que menos le interesaba en Venezuela. Y lo confirmó al descalificar para dirigir el proceso por supuesta falta de apoyo y de respeto a Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, quienes ganaron las elecciones con las que se alzó Maduro. Salvando la distancia y la diferencia, pero en Panamá después de la captura de Noriega se instaló en el poder a Guillermo Endara, quien las había ganado.

Maduro no se redime de las violaciones y atropellos en que incurrió como amo y señor de Venezuela, pero las garras y desatinos de Washington le han martirizado. E incluso colocado a los venezolanos en la encrucijada de pensar en el alto precio que tienen que pagar para liberarse de un dictador, pero sin recuperar la democracia.