Memoria del hambre



El hambre da sensación de molestia y debilidad ocasionada por la falta de alimentos. Cuando se prolonga crea un estado doloroso en el apárato digestivo, con reflejos generalizados.

La humanidad tiene como signo marcado en la Biblia el hambre, representada por uno de los jinetes del apocalipsis. Moisés y el pueblo de Israel sufrieron hambruna en el desierto, pero Yavé les mandó el maná del cielo y no por eso dejaron de preocuparse por llegar a la tierra prometida en donde se sabía abundaba la caza y la fruta.

El trigo es escaso. Faltaban víveres. Los hombres, transformados en ladrones, saqueaban a sus vecinos. La gente quería correr y no podía caminar. Los niños lloraban. Los jóvenes se tambaleaban como viejos. Sus piernas se doblaban y se arrastraban miserablemente. Sus espíritus estaban rotos. El consejo de los Grandes estaba desierto. Los cofres de proa fisiones vacíos.

Solo contenían viento. ‘Yodo había terminado. Así reza el documento más antiguo sobre el hambre y está escrito en una piedra. Unos siglos antes de Abraham, un faraón quiso esculpir en el granito su grito de desesperación.
Este dramático testimonio ha sido empleado, con muchos otros, para mostrar la constancia del hambre y la escasez, “viejas compañeras del hombre”.

El hambre de esos hombres que vivieron y murieron muy cerca de la actual Etiopia, nada tiene que ver con el hambre moderna. Las apariencias, como siempre, engañan. El hábito de colonizar el pasado con nuestras percepciones actuales ha sido un velo que impide ver, con ojos limpios, la condición que aquellos hombres padecieron. Ese mismo velo encubre y distorsiona nuestra-condición actual, señala Gustavo Esteva.

Más muertes cobra el hambre que una guerra y tenemos hoy día los ejemplos de Biafra y Etiopía, en África, y también Haití, lo que ya vivió Bangladesh, en Asia, y la amenaza de sequía y hambre en diversos países del mundo.

Muchos son los países que han sufrido las consecuencias del hambre por la pérdida de las cosechas o por el estado de guerra. La India perdió en 1837 la cantidad de 800.000 habitantes; en 1863 y en 1900 la cifra ascendió a más de 1.000.000. Pero la más terrible de las consecuencias del hambre la experimentó China, país que, en el periodo comprendido entre los años 1877 y 1879, perdió por esa causa unos 9.000.000 de almas. Durante la Primera Guerra Mundial estuvieron a punto de morir de hambre millones de belgas, serbios y polacos, salvados gracias a la ayuda prestada por los países neutrales.

Las postrimerías de segundo conflicto internacional, encontraron famélicos a muchos pueblos europeos y asiaticos, situación que preocupó seriamente a los dedicados a la reconstrucción de las regiones devastadas por la guerra.
-Los contendientes de ambos bandos en las guerras se comían las ratas, los perros e inclusive llegaron a preparar sabroso caldos de suela de bota militar.