Los dominicanos anhelan celebrar hoy la Nochebuena en familia, con renovada esperanza de poder disfrutar consolidada garantía de paz, estabilidad, equidad, justicia, convivir en una auténtica sociedad de valores y al amparo de un régimen político y social de derechos y de respeto a la ley.
El pueblo cristiano festeja el nacimiento del Hijo de Dios, cuya sangre derramada en el Gólgota, 33 años después, redimió el pecado y colocó el perdón, convivencia y solidaridad como irrenunciables normas de conducta del buen ciudadano.
Sobran los motivos para dar gracias al Altísimo por las bendiciones que derrama sobre este generoso pueblo, al que consuela también en sus muchas vicisitudes y lo anima a seguir desbrozando caminos hasta alcanzar la tierra prometida donde impere auténtica justicia social e igualdad de oportunidades.
La alegría, mezcla de satisfacción por todos los dones alcanzados con la renovada esperanza de lograr metas deseadas, constituye el insumo mayor en la celebración de Nochebuena y Navidad, por lo que se aconseja apartar un lugar al júbilo en todos los hogares.
El mismo Dios ha de proveer fortaleza a las familias que hoy padecen de angustia por algún infortunio o por los continuos flagelos de injusticia y marginalidad, porque escrito está que el Redentor no abandona a sus hijos, menos a aquellos que sufren de la explotación del hombre por el hombre.
El de hoy es un buen día para mostrar solidaridad con los que sufren, acoger la sabia enseñanza de la Madre Teresa, de dar de lo suyo a los demás, hasta que duela porque, conforme a las Escrituras, dando es como se recibe la gracia de Dios.
La bondad de la Nochebuena no se mide por los suculentos alimentos sobre la mesa, sino por los valores asociados con amor, amistad, comprensión, adhesión e indulgencia, que atesora y comparte la familia en tan memorable ocasión, cuando todos festejan el nacimiento del Niño Jesús.
El Nacional aprovecha la ocasión para desear unas muy felices fiestas a todo el pueblo dominicano, en especial a sus lectores, anunciantes y colaboradores, en la seguridad de que Dios los bendice grandemente.

