Ocupación pacífica de haitianos mutila el territorio dominicano

Cada semana miles de haitianos cruzan al territorio dominicano para participar de los mercados binacionales, pero muchos de ellos no retornan.
Cada semana miles de haitianos cruzan al territorio dominicano para participar de los mercados binacionales, pero muchos de ellos no retornan.


I
El Gobierno dominicano inauguró el pasado mes de junio el Puesto Interagerencial de El Carrizal, en Elías Piña (antigua Estrelleta), para tratar de afrontar los contrabandos, y con cuya construcción afirma que ha recuperado más de un millón de metros cuadrados que, como en épocas anteriores, nuestos vecinos se querían adjudicar olímpicamente.
La recuperación de los bordes en la franja domínico-haitiana, y esta construcción en una alegada “tierra de nadie”, ojalá que sea el primer paso para levantar otras extensas paredes en espacios físicos de gran flujo humano, hasta completar el anhelado gran muro fronterizo, como parte de la salvación de la soberanía nacional.
La ocupación pacífica de haitianos en despobladas zonas fronterizas y el interés de diálogo por la convivencia pacífica de dos extintos presidentes dominicanos, Horacio Vásquez (1924-1930) y Rafael Leónidas Trujillo Molina (1930-1961), han mutilado el territorio dominicano, echando por tierra las sangrientas batallas titánicas encabezadas por Antonio Duvergé, José María Imbert, Francisco Antonio Salcedo, los hermanos Eusebio, Gabino, José Joaquín Puello y José María Cabral y otros adalides de las primeras batallas libertarias.
Con la pretensión de terminar las discordias sobre la línea divisoria, el 21 de enero de 1929 fue suscrito un tratado que, por primera vez, delimitó oficialmente la frontera domínico-haitiana.
Un mes después, el 20 de febrero, fue firmado el Tratado de Paz y Amistad Perpetua y Arbitraje, para someter todas sus controversias a un dictamen internacional.
Rubricado en Santo Domingo por Horacio Vásquez, presidente dominicano, y Louis Bornó, jefe de Gobierno haitiano, el tratado perjudicó a República Dominicana, en virtud de que le cedieron 4,572 kilómetros cuadrado (8% del territorio dominicano), en el espíritu de zanjar un diferendo y estimular la convivencia pacífica y la conciliación.
En el artículo primero consta que la línea fronteriza entre República Dominicana y la República de Haití parte de la desembocadura del río Dajabón o Masacre, en el Océano Atlántico (Bahía de Manzanilla, al Norte), sigue el curso del Arroyo Capotillo, la montaña Pan de Azúcar o Monte Grime; el río Libón, el camino real de Bánica a Restauración, el río Artibonito, en Bánica; el río Macasía, el Fuerte Cachimán, el arroyo Carrizal, el camino de la laguna de El Fondo, en Neyba; Sabana de Zumbí (antes de La Descubierta), hasta el lecho seco del río Pedernales.
El tratado estipuló la realización de un amplio plan de vigilancia y seguridad en la frontera, y la construcción conjunta de la carretera internacional.
En tanto que el Tratado de Paz y Amistad Perpetua y Arbitraje estipula en su artículo primero que “República Dominicana y la República de Haití proclaman solemnemente su reprobación de la guerra, así como de todo acto de violencia de una nación contra otra”.
También se comprometieron a no levantar en sus respectivos territorios, en un límite de diez (10) kilómetros de la línea fronteriza convenida y trazada de acuerdo con el Tratado del 21 de enero de 1929, ninguna fortificación ni obra de guerra.
Al ser proclamada como Estado independiente y soberano, el 27 de febrero de 1844, República Dominicana heredó de la porción española de Santo Domingo, consignada en el Tratado de Ajanjuez de 1777, la franja de 54,642 km2 (72% de la isla). Y con el tratado de 1929 su extensión se redujo a 48,442 km2 (64% de la isla), o sea, a un 8%.
A través de estos acuerdos República Dominicana perdió los pueblos de Hincha (Lares de Guaba), tierra de nacimiento de Pedro Santana; Las Caobas, Capotillo, Racho Mateo, San Rafael de la Angostura y San Miguel de la Atalaya.