La muerte de un disparo en la cabeza de la joven Perla Jokasta Santos Pacheco, ocurrida en la madrugada del 26 de diciembre en el sector Los Guandules, fue uno de los sucesos más conmovedores durante las fiestas navideñas.
Los familiares, los vecinos y la misma sociedad no acaban de reponerse de un crimen tan horrendo, del cual la Policía ha responsabilizado al mayor del Ejército, Gerardo Mesa Arismendy. Pero hubo otros sucesos que encadenaron una angustiante ola de violencia, entre los cuales sobresalen algunos que, por su sello, deben llamar la atención de las autoridades.

Uno es la muerte de Carolina Sepúlveda Almengot, de 46 años, quien fue alcanzada de varios disparos mientras se desplazaba por un sector de Villa Mella en un carro Toyota Passo, acompañada de una hermana. El crimen, del cual nada se ha informado, tiene las características del sicariato.
Otro es la muerte en San Pedro de Macorís el día de Nochebuena de Ricardo Ramírez Sánchez, de 24 años, quien sufrió varios disparos tras ser interceptado en una calle del municipio. El suceso también tiene el sello del sicariato.
Lee también: La Policía y su problemática imagen: dos muertes recientes elevan las críticas
Los otros sucesos constituyen también un mal presagio, pero la reaparición de la estructura criminal es un desafío por el pánico que provocan en la población las ejecuciones callejeras. Es más que sabido que los sicarios son una amenaza para la paz y la seguridad. Con ellos en las calles nadie está exento de convertirse en una víctima, hasta por confusión.

