Editorial

Para buen entendedor

Para buen entendedor

Sin  ser tan descriptiva, la advertencia   del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, de que organismos internacionales fraguan el exterminio de la humanidad, ha de caer como rayo  premonitorio sobre una sociedad como la dominicana que ha  servido de laboratorio  para que el  mentado primer mundo pruebe o ensaye  degradantes proyectos económicos, políticos o sociales.

López Rodríguez ha alertado sobre lo que define como plan perverso,  macabro e insolente que  se fragua a través de Congresos y Parlamentos para  intentar borrar del mapa todo lo que sea tradición judeo cristiana, porque a su juicio lo que se procura es  pervertir, corromper y dañar.

Tiene razón el prelado al advertir que  por el mundo transitan ideas, proyectos y programas que en nada benefician a la humanidad y que, por el contrario, junto al narcotráfico y la criminalidad constituyen la plataforma que permea a la sociedad.

Aunque  al pronunciar su homilía  en la misa oficiada en la parroquia de las Fuerzas Armadas, con motivo del día de San Miguel Arcángel, el cardenal López Rodríguez no identificó esas iniciativas malsanas que se cuecen a nivel mundial, es claro que el mundo no anda bien, anda muy mal, como ha  advertido.

El mundo de hoy se convulsiona  por  el  desmedido afán de lucro de las élites económicas, el irrefrenable armamentismo, la degradación del medio ambiente y las tendencias que apuntan a la disgregación de la familia y al fomento del individualismo o al capitalismo salvaje, como lo definió el fenecido papa Juan  Pablo II.

En medio de esa vorágine afloran el narcotráfico, lavado de dinero, trata de blanca y terrorismo, como flagelos que, junto al hambre, marginalidad y discriminación, subyugan a la humanidad, por lo que  resulta válido el pedido del Cardenal para que la población rechace  todas esas iniciativas degradantes que hoy fraguan organismos internacionales e instituciones no gubernamentales, como lobos con disfraz de ovejas.

A causa de una nociva y prolongada influencia externa,  la República no ha logrado superar males ancestrales como su secular miseria y desigualdad social, el problema migratorio, ni la definición de  su perfil como nación  soberana en condiciones de cultivar y desarrollar sus tradiciones históricas y culturales y sus potencialidades económicas.

Al  advertir  sobre la preeminencia  a nivel mundial de un conciliábulo para  degradar al género humano, el Cardenal ha dicho mucho,  más aun para una sociedad como la dominicana que a lo largo de su historia ha sido flagelada por los imperios. Para buen entendedor pocas palabras.

El Nacional

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