Opinión

PDVSA y Refidomsa

PDVSA y Refidomsa

Orlando Gomez

(II)
La situación de REFIDOMSA debido a la participación de PDVSA en su capital accionario debe llamar a la reflexión de nuestra clase política. En el 2009, cuando se hizo la venta del 49% de las acciones de la Refinería a PDVSA, la operación fue criticada por múltiples razones que iban desde la falta de licitación internacional al peligro de dejar la operación de esa empresa a la merced del temperamento del entonces Presidente venezolano Hugo Chávez. Y sin embargo, se concretó.

Salvo las afinidades ideológicas con el “Socialismo del Siglo XXI” que abiertamente manifestaban algunos dirigentes políticos de aquellos tiempos, nunca estuvo claro cual era el objetivo de asociarnos directamente con el gobierno autocrático de Venezuela en la Refinería. La prensa de aquel entonces recoge múltiples promesas, desde la ejecución de proyectos conjuntos de exploración petrolera en la República Dominicana hasta la expansión de la producción de la Refinería de “34,000 barriles diarios de crudo a 60,000”.

Desde entonces en la prensa no se ha reportado ningún proyecto que resultare de esa asociación; aunque cabe destacar que en el 2015 se reportó una “remodelación de REFIDOMSA” que “aumentó la capacidad de refinación (…) de 27,000 a 34,000 barriles diarios”.

En cambio, la compra de las acciones en REFIDOMSA desde el punto de vista de Hugo Chávez, fue una más de sus tantas medidas con miras de establecer un “poder suave” en la región que, aparte de Petrocaribe, incluyó la compra de participación en refinerías tanto en Suramérica como en el Caribe.

Aunque pueda perdonar que la ceguera ideológica les dificultó a muchos ver que Venezuela inevitablemente terminaría donde está, me resisto a creer que hasta el ideólogo más fanático del chavismo en aquel entonces no fue capaz de ver las intenciones de Chávez, o reconocer sus propensiones autocráticas, ni de entender que su abierto enfrentamiento con nuestro principal socio comercial iba a traer consecuencias.

Ahora que nos embarcamos a abrir nuestras relaciones comerciales con China, las lecciones de PDVSA en la Refinería deben traducirse en normativas que definan el alcance de las actividades comerciales conjuntas que puede hacer el Estado dominicano con otros Estados o empresas controladas por estos. Una cosa son nuestras relaciones diplomáticas y de comercio internacional, y otra son las actividades comerciales en la que participe el Estado, y si vamos a permitir la asociación con otros países o empresas controladas directa o indirectamente por estos, debemos definir límites, perfiles, parámetros y controles, donde los males de otras naciones no nos salpiquen a nosotros, y así evitar que las efervescencias ideológicas de un momento no nos pasen factura más adelante.

El Nacional

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