Opinión Articulistas

¿Qué tiene de popular?

¿Qué tiene de popular?

Fernando De León

El apresamiento o captura del presidente de un país, dictador o no, por el mandatario o autoridades de una potencia extranjera podría causar conmoción, expectación, e inusitados escándalos; de ningún modo entraña una acción política popular.

Si nos vamos a la raíz del término en su acepción más desafortunada, podría ser populachera pero nunca ser simpática ni tener un carácter folklórico. Y mucho menos si se entiende que causa tensión; vulnera ciertos derechos a nivel internacional, y convulsiona lo geopolítico.

Realmente, más que lo pintoresco y gracioso que tenga lo que se considere popular, si cercena la autodeterminación de los pueblos; la injerencia de Estados Unidos en Venezuela es una acción execrable de la que no mana el aroma de lo democrático y soberano. Si hay sentidas disidencias, solo es festivo para algunos intereses.

Al margen de que no simpaticemos con el ahora expresidente venezolano Nicolás Maduro, su defenestración del poder por parte del presidente de Estados Unidos Donald Trump, crea un precedente en la región que, definitivamente, nos aterra.

Injerencia de EUA en Venezuela es execrable
Si se simpatiza o no con la posición del gobierno dominicano, debemos hacer una separación; (se entiende lo que queremos decir). Aunque muchos dominicanos naturalizados hayan votado por Donald Trump, son muy preocupantes las acciones de un hombre como él.

El gobierno dominicano, con el mandato de Luis Abinader, podría defender o prevenir ciertos malestares con relación a las políticas públicas del exterior de Trump, pero, lo que tenemos hijos y nietos y demás en esta nación, defendemos a los nuestros.

En nuestro caso, como naturalizados estadounidenses por las razones que fuesen, debemos proteger a nuestros familiares y, con un gobernante como Trump, hay que tener aprensiones. Donald Trump es la viva personificación del odio, y ha mostrado que es capaz de acometer cualquier acción perversa que, en lo futuro, deje huellas que nos hagan daño.

Además si somos sensatos, podríamos estar contestes con el gobierno perremeísta; pero también como individuos pensantes, no estar de acuerdo con la políticas internas y externas de un narcisista como Donald Trump, del que no confiamos en los dictados de su “moralidad”.