Quirino en escena



Hace unos días el exconvicto de narcotráfico Quirino Ernesto Paulino Castillo volvió a irrumpir en el escenario con la misma canción contra el expresidente Leonel Fernández. Desde que retornó al país el 28 de febrero de 2015 tras cumplir una sentencia de 10 años de prisión en Estados Unidos, cada aparición suya por televisión o a través de las redes ha sido para reclamar al exgobernante una supuesta deuda de 200 millones de pesos que le habría facilitado en 2004, una afirmación que además de prueba carece por completo de lógica.

De Leonel se podrá disentir, cuestionar su estilo e incluso reprochar cierta permisividad y la aplicación de prácticas que han debido estar sepultadas. Pero Leonel no es un político capaz de asociarse con gente como Quirino para ningún propósito. Además, en 2004, ese Leonel cuyo nombre se trata vanamente de manchar, no tenía necesidad de un centavo de nadie para ganar las elecciones. Y más cuando tenía en el entonces presidente Hipólito Mejía el mejor jefe de campaña con que podía contar un candidato opositor.
No deja de desconcertar, sin embargo, que ese Quirino que suele irrumpir en escena sea un producto de la impunidad que todavía hace olas en el país. Cuando se detectó el cargamento de más de dos toneladas de cocaína en la autopista Duarte, próximo a Los Alcarrizos, en lugar de una investigación exhaustiva las autoridades se decantaron por propinar golpes bajos al Gobierno saliente. Salió a relucir, entre otras cosas, que el Mercedes en que se desplazaba el excapitán del Ejército había sido adquirido con una exoneración a nombre del senador del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) por Valverde, Yayo Matías.

El procurador general de la República, que era Francisco Domínguez Brito, demostró que sabía bastante sobre las operaciones de Quirino por la respuesta que según los papeles de Wikileaks le dio al embajador de Estados Unidos, Hans Hertell, cuando este le reclamó aclarar unas transacciones inmobiliarias.

Domínguez Brito ni quienes lo sucedieron jamás se ocuparon de identificar la empresa de zona franca a la que se dijo estaba destinada la droga confiscada a Quirino.

Tampoco las versiones sobre la llamada telefónica hecha por el hombre que aparece hoy, con aire de autoridad, tratando vanamente de empañar reputaciones.

Quirino fue extraditado y condenado en Estados Unidos. Al retornar al país al Ministerio Público no se le ha ocurrido interrogarlo, ni siquiera porque él lo ha pedido, para conocer sus operaciones. Esa impunidad es lo que le ha dado alas para tratar de embarrar con falsas imputaciones la imagen de un político de las credenciales personales de Leonel Fernández. Un caballero.