La agresión a machetazos de un cobrador de guagua a quien le cercenaron una mano y lo dejaron por muerto es apenas otra escena del drama que padecen miles de usuarios del transporte de pasajeros, cuya vida vale para las autoridades menos que guayaba podrida, pues están expuestos a ser atacados por bandas de delincuentes al servicio de mafias que se pelean el control de las carreteras.
Antisociales detuvieron en la carretera Sánchez a un minibús repleto de pasajeros a los que obligaron a desmontarse y luego atacaron con machetes al cobrador Wilkin Pozo, quien sufrió desprendimiento de su mano izquierda y otras dos heridas que lo mantenían ayer en estado grave.
De tal acción criminal y vandálica se acusa a supuestos miembros de la Federación Nacional de Transporte la Nueva Opción (Fenatrano), que disputa a sangre y fuego con la Confederación Nacional del Transporte (Conatra), el monopolio de rutas de autobuses que cubren la región Sur.
Ya antes, vándalos al servicio de esos clanes mafiosos han agredido a balazos, pedradas y machetazos a decenas de vehículos públicos que transitan por la autopista 6 de Noviembre, con saldo de numerosos heridos, sin que ninguna autoridad se digne enfrentar este tipo de piratería terrestre.
Líderes y dirigentes de Fenatrano y Conatra, entre los que figuran legisladores y gente muy influyente, rica y poderosa, disfrutan a plenitud de su condición de dueños del país, mientras turbas de bandoleros que actúan a su amparo o sombra, aterrorizan a indefensos ciudadanos, entre los que se incluyen mujeres, ancianos y niños.
Más cobarde e irresponsable que esos forajidos son las autoridades que ante una acción como la perpetrada contra ese cobrador de guagua, ocultan rabo entre piernas y prefieren ignorar tanto abuso contra la ciudadanía, en vez de apresar a los delincuentes y a sus mandantes.
Duele saber que gente humilde y trabajadora que aborda una de esas guaguas voladoras bajo control de esos grupos mafiosos exponen sus vidas ante hordas de salvajes que agreden a mansalva en cualquier calle, avenida o carretera, convertidas hoy en feudos de mafias del transporte.
La Policía debería saber que su función no es la de mediar entre violadores de la ley y del orden público, que su deber es el de desmantelar a esas bandas de rufianes y someter a la justicia a sus integrantes.

