Había una vez dos jovencitas que vivían con su mamá en el campo. Una de ellas era morena y se llamaba Rosa Roja, por el colorrosado que siempre brillaba en sus mejillas. La otra era rubia y de piel blanca, y respondía al nombre de Nieve Blanca. Una noche, la nieve cubrió todo todo el campo con un manto blanco. De repente, oyeron que alguien llamaba a la puerta. Cuando abrieron se encontraron a la puerta un oso pardo enorme, casi muerto de frío. El oso entró y se calentó junto a la chimenea. Pasó el resto del invierno co ellas. Al llegar la primavera abandonó la casita muy apenado. Un día de verano, las dos hermanas se encontraron en el bosque con un duendecillo de barba blanca y espesa.
Parecía estar en apuros: un águila real trataba de llevárselo por los aires. Las jovencitas lograron hacer huir al ave rapaz. Pero el duendecillo trató a las dos niñas de forma muy grosera. Unos días después, se lo encontraron con la barba enganchada a una caña de pescar. Le ayudaron a liberarse de ella, pero el duende no había cambiado de carácter y fue igual de desagradecido. A la mañana siguiente, vieron que tenía la barba enredada en el tronco de un árbol. Las dos hermanas no dudaron en cortársela, a pesar de sus modales.
En ese momento salió de entre los matorrales su amigo el oso, que dio al duendecillo una buena lección. Y nada más hacerlo, el oso se transformó en un joven apuesto, a la vez que el malvado duende se convertía en una piedra. El duende, que era un brujo, había encantado al joven, convirtiéndolo en oso. Pero las tres acciones buenas de las dos jovencitas habían conseguido desahcer el hechizo. El joven apuesto se casó con Rosa Roja y Nieve Blanca se casó con un hermano de éste. Todos fueron muy felices.
Semana invita a los escritores de literatura infantil a que aprovechen este espacio, a fin de que contribuyamos a incentivar el hábito de lectura en los niños. Las colaboraciones deben ser acorde con el espacio disponible.
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