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Ruth y David: Un amor que nunca se rindió

Ruth y David: Un amor que nunca se rindió

Raymer Wright, Aymer Wright, Ruth Saldivar y David Wright.

Hay historias que demuestran que el amor, cuando es real, persiste a todas las turbulencias que el destino le tiene deparadas.

A veces se interrumpe, se transforma y se pone a prueba por el tiempo, la distancia y las decisiones de vida. Sin embargo, cuando el vínculo es genuino, resiste. Tal como lo han demostrado Ruth Saldivar y David Wright, ejemplo de un amor que permaneció aun cuando sus vidas tomaron rumbos distintos durante años.

Ruth y David se conocieron cuando eran estudiantes de la escuela primaria San Vicente de Paul, en el período 1991-1992.
La cercanía cotidiana en los recreos, las actividades escolares y los deportes fue creando una conexión natural.
Con personalidades diferentes, encontraron desde temprano un equilibrio que los acercó y dio paso a una relación espontánea y sincera.

“De manera muy natural, buscábamos estar cerca y acompañados para cualquier actividad, uno del otro. Disfrutábamos de la compañía y justificábamos cada ocasión para estar juntos. Un beso tierno, acariciado en la mente, nos dio la señal para hacer realidad el inicio de la relación de nuestras vidas”, explicaron.

Con el paso del tiempo, ya con una relación establecida, aunque no vivían juntos en una misma casa, producto de la inexperiencia de la juventud comenzaron los desafíos.
Las metas personales, las decisiones postergadas y las limitaciones económicas fueron debilitando la relación, que para ese momento ya había dado frutos: su hijo Raymer.

Cada uno empezó a construir su propio camino, lo que finalmente los llevó a separarse, aunque sin romper del todo el vínculo que los unía.

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Ruth emigró a Europa, donde trabajó, se casó y residió durante 12 años, manteniendo siempre el contacto con su familia y su país.
David, por su parte, permaneció en la República Dominicana, concluyó sus estudios universitarios, también formó una familia y desarrolló su vida profesional.

A pesar de la distancia y de haber construido vidas separadas, la comunicación entre ambos nunca se perdió, principalmente por la responsabilidad compartida de criar a su hijo, nacido en 1994.

Con los años, las relaciones con sus respectivas parejas, con quienes no procrearon hijos, llegaron a su fin. Ruth y David se encontraron nuevamente solteros. En ese contexto, el diálogo se hizo más cercano y, durante una visita de Ruth al país, decidieron darse una segunda oportunidad.
Lo que comenzó como conversaciones sinceras dio paso a un nuevo noviazgo, esta vez con mayor madurez y conciencia de lo vivido.

“Las negociaciones iniciaron en el país, luego nos juntamos unas semanas en Europa y continuamos avanzando con las conversaciones y las condiciones para formar un hogar, donde por primera vez estaríamos juntos”, señala Ruth.

El reencuentro no estuvo exento de retos. Adaptarse a la distancia entre países, tomar decisiones importantes y aprender a convivir con personalidades más definidas por el tiempo requirió paciencia y acuerdos. Sin embargo, esas diferencias, lejos de separarlos, volvieron a convertirse en un punto de equilibrio que fortaleció la relación.

Hoy, Ruth y David describen su relación como el resultado de todas sus experiencias. No buscan la perfección, sino construir una vida basada en el respeto, la comprensión y el compromiso.
Juntos han formado un hogar y son padres de dos hijos: Raymer y Aymer, a quienes consideran el mayor reflejo de un amor que supo resistir al tiempo, a la distancia y a las circunstancias.

“La experiencia nos ha dejado lecciones de vida, donde al final el amor nos ha llevado por caminos de tolerancia, comprensión y de amar lo que somos como somos. La familia es la base de la sociedad y en ella tenemos nuestra base para una vida en amor hacia los demás y hacia nosotros mismos”, concluye la pareja.

Su historia deja una lección clara: el amor verdadero no siempre es inmediato ni sencillo, pero cuando existe, encuentra la manera de permanecer y reinventarse.