Los actuales miembros de la Junta Central Electoral (JCE) organizaron varias elecciones ordenadas y limpias, tintadas quizás por incidentes o irregularidades atribuibles al Gobierno, a candidatos y a propios partidos políticos, por lo que esos jueces merecen ser ponderados para optar por mantener sus escaños en esa institución o para conformar el nuevo Tribunal Superior Electoral.
El secretario de la Presidencia, doctor Cesar Pina Toribio, ha dado en la diana al señalar la pertinencia de que esos magistrados figuren como primera opción en la lista de personalidades a ser evaluadas por el Senado para ocupar puestos de jueces en la JCE o en la instancia consignada en la Constitución de la República para acoger los casos contenciosos en materia electoral.
La sociedad no puede ni debe desperdiciar la vasta experiencia acumulada por esos jueces electorales que han actuado apegados a la ley y la ética, sin permitir que anteriores militancias políticas, relación con candidatos o eventuales intereses corporativos drenaran la calidad y transparencia de sus actuaciones.
Sin desdeñar el uso de la linterna de Diógenes para identificar otras personalidades que reúnan méritos académicos y morales para desempeñar tan relevantes posiciones, es menester insistir en que los jueces actuales de la JCE acumulan manojos de condiciones que han sido harto probadas.
Se resalta la inconveniencia de que los partidos políticos instalen un Coliseo Romano en torno a la selección de los jueces titulares de la Junta y del Tribunal Superior, con la descalificación de postulantes que se tilden de títeres o porque no estarían atados a cuerdas de titiriteros.
Debería evitarse también que el partido oficial aproveche cualquier fisura o brecha para imponer su mayoría absoluta en el Senado en la selección de esos magistrados, porque un escenario así negaría la necesaria garantía de limpieza, equidad y transparencia en las elecciones de 2012.
El camino más corto hacia un anhelado consenso político y social en torno a la configuración de esas instituciones sería el de escoger o valorar en primer término a los actuales incumbentes, funcionarios probados en el horno de la experiencia.
Ojalá que Senado y la clase política acojan el sabio y oportuno parecer del doctor Pina Acevedo de que seleccione a actuales jueces de la JCE para continuar en sus funciones o para integrar el Tribunal Superior Electoral.
No hay porqué escarbar en la incertidumbre.

