A pesar de tantos aspavientos de modernidad institucional, la Dominicana se asemeja cada día más al perfil de una República de sálvese quien pueda, como lo demuestra el hecho de que mafias se disputan a sangre y fuego el control de rutas urbanas e interurbanas de transporte de pasajeros, sin que las autoridades puedan intervenir para imponer orden o proteger vidas y bienes.
En una sola jornada de la dilatada guerra entre empresas transportistas por la supremacía en las rutas de guaguas a la región Sur, hubo un saldo de siete heridos y decenas de vehículos con cristales destrozados, lo que ha convertido a las autopistas 6 de Noviembre y la de San Cristóbal-Baní en verdaderos corredores de la muerte.
Se cuentan por decenas los pasajeros que han sufrido heridas de bala, perdigones, piedras o garrotazos a manos de salvajes que atacan paradas de autobuses o guaguas que cruzan por esas carreteras, donde un virtual estado de anarquía ha sido impuesto por quienes desde hace tiempo se proclamaron dueños del país.
Aquí operan unas mentadas Dirección de Tránsito Terrestre, Oficina Técnica del Transporte, Autoridad Metropolitana del Transporte, además de los Ayuntamientos, Policía y Ministerio Publico, sin que ninguna de esas instituciones emplee autoridad para frenar las acciones de esas bandas pagadas o dirigidas.
Que no se hable de orden ni de ley en una nación donde hordas de terror son capaces de incendiar un minibús que transportaba mujeres obreras o atacar a perdigonazos una parada de buses repleta de ciudadanos indefensos, como ha ocurrido en las autopistas Las Américas y la que conduce a San Cristóbal.
¿En cuál país civilizado del planeta, bandas armadas se apropian por la fuerza de rutas para el transporte de pasajeros o de carga, que luego reivindican como suyas hasta el fin de los tiempos? Aquí los contribuyentes pagan una costosa burocracia pública que es incapaz de cumplir con su deber de enfrentar a esas mafias.
A los ciudadanos de a pie no les queda otro camino que encomendarse a Dios cuando abordan una guagua afiliada a los sindicatos en guerra y rogar no ser alcanzado por disparos de pistoleros o herido por algún garrotero de los que atacan en cualquier punto de las autopistas.
Que no se hable de orden ni autoridad en un país donde las carreteras, vidas y bienes se convierten en botín de grupos mafiosos que imponen terror y anarquía sin que ningún órgano público se atreva a enfrentarlos. Esta es la República de Sálvese quien Pueda. Desdichadamente.

