Editorial

Se la juega

Se la juega

“Si quieren pelea, la tendrán”. La frase traduce la determinación del presidente Barack Obama de limitar el tamaño y las operaciones de Wall Street a través de una profunda reforma financiera para evitar otra crisis como la que hundió la economía estadounidense.

Con una popularidad en picada y tras una significativa derrota en el otrora bastión demócrata de Massachussets, Obama ha encontrado, sin embargo, un estimulante respaldo en Europa para regular un sistema financiero que se resiste a cualquier tipo de regulación de sus actividades.

A la guerra abierta declarada a la banca por el mandatario estadounidense se atribuye que la Bolsa de Nueva York haya tenido su peor semana, con sus principales índices en baja, desde marzo de 2009 cuando la crisis financiera causaba estragos en todas las latitudes.

Expertos consideran que los planes del gobernante estadounidense están más que justificados por la propia resistencia que se atribuye a la banca de adoptar medidas para prevenir  crisis financieras. Con todo y que puedan ser más sólidas ahora que antes de la crisis, las entidades operan bajo las mismas reglas que las pusieran al borde del colapso.

El Gobierno tuvo que socorrer a la banca con miles de millones de dólares para rescatarla del abismo a que la habían conducido sus operaciones especulativas. Se trata de una de las razones por las cuales Obama quiere un blindaje para evitar que el poder financiero vuelva por sus fueros.

Si en verdad se quieren evitar nuevos traumas como los causados por la debacle financiera de la que Estados Unidos y las principales economías no han terminado de recuperarse, hay que respaldar el torniquete que promueve Obama a las operaciones de Wall Street.

Por la amarga experiencia, el poder económico de la banca, que, como dijo un experto, es receptora de ayuda cuando le va mal, pero absolutamente propietaria de sus resultados cuando le va bien, no puede convertirse en óbice en torno a una estricta regulación de sus operaciones.

El Nacional

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