Opinión Articulistas

Sin árbitros

Sin árbitros

Pablo del Rosario

En los deportes y hasta en las guerras, es necesario contar con árbitros. Esto así, porque si no, se impone la ley del más fuerte. En el ámbito político-militar del Universo para evitar esa ocurrencia, se crearon organismos como: la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Tribunal de la Haya y otros. Sin embargo, el ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela, la madrugada del tercer día del presente año 2026, evidencia una vez más que la intención ha sido fallida.

Los pronunciamientos del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reflejan que el verdadero interés de ese país es apropiarse de la riqueza venezolana y administrar el uso de sus recursos. Además, mantiene una actitud de amenaza hacia otros países de la región, dando a entender su desprecio hacia la soberanía de los Estados.

Si hacemos un simple ejercicio histórico en cuanto a lo que ha sido el comportamiento de la nación estadounidense en lo relacionado con el respeto al derecho internacional, encontraremos que desde principio del siglo pasado el intervencionismo militar ha sido una constante, cuya práctica, lamentablemente, ha afectado nuestra nación en dos ocasiones (1916 y 1965), sin contar las que han escenificado en otros países hermanos.

Por lo que se percibe en la actualidad, la autoridad de los organismos arriba citados está sensiblemente mermada, y, las potencias mundiales están distribuyéndose el planeta conforme a su mejor y más breve conveniencia. Con todo lo que esto implica en términos de destrucción del ecosistema y pérdida de vidas humanas, que ya trasciende lo que pudiera llamarse un genocidio mundial. Además, hay que considerar el impacto económico, las consabidas desigualdades y las hambrunas que trae consigo la presente situación.

Si las autoridades mundiales no cambian el rumbo que llevamos, sin deseo de ser apocalíptico, me aventuro a creer que el final esta a ley de un clic. Retomemos la idea. ¡Activemos los árbitros!