El crimen está asentado en todas las actividades, está en la conducta humana, a recordar, desde que Dios creó a Eva y Adán y ellos decidieron formar familia aparece el crimen de un hermano por otro, es decir, el fratricidio. Pero el crimen ha tenido muchas derivaciones en los tipos de fechorías.
Generalmente los delitos graves se castigan con la muerte o la cárcel, aunque desde círculos de poder politico se puede proteger al criminal, incluso desde comunidades religiosas se ordena el crimen en nombre de Dios (musulmanes) donde Él es trascendental, pero actúan irracionalmente haciendo cosas en las que actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios. O la Iglesia católica que dispone de su propio código bajo el amparo del Derecho Canónico que le regula jurídicamente.
Aun así, logran encubrir curas que se subsanan con la penitencia, la confesión, las manos acogedoras del perdón o el claustro purificador. También existe una variante del crimen como es el robo o el tráfico de influencia de los bienes públicos que han patrocinado fortunas como “justa recompensa” a quienes los cometen, así en el sentido más vulgar de la expresión como lo interpretan los políticos según la sociedad en que se realice.
Pero hay un crimen con rasgos más precisos y es llamado “organizado”: mafias de narco-traficantes, prácticas extorsivas, falsificación de documentos, monedas; delitos cibernéticos, entre otros, y realmente tanto dinero y bienes acumulados y al final terminan en el cementerio o en las cárceles sin disfrutar de sus fortunas que tan despiadadamente han ido acumulando.
El crimen no paga. Desde luego, parece que algunos tienen éxito y se han acomodado con sus riquezas protegidas por la propia justicia: ¡la delación premiada! que permite penas atenuadas y le aseguran ciertas riquezas. República Dominicana ya es un buen ejemplo.

