A propósito del artículo de la semana pasada, titulado “Las diferencias: decir, maldecir y bendecir”, algunos amigos han sugerido abundar acerca de los adjetivos /maldito/ y /bendito/, derivados de maldecir y bendecir, de los cuales son, respectivamente, participios irregulares.
Además, vale referirse a la aparente contradicción entre dos publicaciones académicas respecto del participio de estos verbos.
Acerca del verbo maldecir, el Diccionario panhispánico de dudas afirma lo siguiente: “Su participio es maldecido, única forma que debe usarse en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica”.
Pasado compuesto: He maldecido, han maldecido. Pasiva perifrástica: El extranjero que sin razón y sin derecho abusa de un pueblo ajeno ha sido maldecido por Cuco Valoy.
Este libro, editado por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, hace énfasis en que la forma /maldito/, que procede del participio latino “maledictus”, solo se usa hoy como adjetivo y como sustantivo.
Ejemplo como adjetivo: “Esa maldita pared que separa tu vida y la mía”. Como sustantivo: “Eran unos malditos quienes mataron a Orlando”.
Maldito significa perverso, de mala intención y dañadas costumbres. Tiene como sinónimos: perverso, malvado, malo, execrable, detestable. También se aplica para expresar rabia, impaciencia, mala voluntad, desagrado: ¡Maldita sea!
Una acepción de la palabra maldito, como sustantivo, denomina a un condenado y castigado por la justicia divina.
En el mundo literario, hay un uso del adjetivo maldito que contiene una gran carga semántica, tan pesada como la de los artistas a quienes se les aplica, aquellos que transitan a contravía de las normas establecidas. En cada país, en cada época, habrá algún poeta maldito. Incluso, un maldito poeta.
Esa denominación adquirió fuerza a partir de una publicación del poeta francés Paul Verlaine. Se trata de un libro de ensayos.
Bendito
De la voz /bendito/, antónima de maldito, hay mejores cosas que decir. Lo primero es que procede del latín “benedictus”, equivalente a santo o bienaventurado. Es un adjetivo que se usa también como sustantivo. Siempre se refiere a persona buena, feliz, dichosa.
Es un participio irregular del verbo bendecir, según lo indica el Diccionario de la lengua española, cuya versión en línea, más actualizada que otras, lo expresa así, a contrapelo de lo recogido en el Diccionario panhispánico de dudas, 2005, el cual al referirse al verbo bendecir, indica: “Su participio es bendecido, única forma que debe usarse en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica”.
Agrega que bendito, procedente del participio latino “benedictus”, solo se usa hoy como adjetivo y como sustantivo. Ahí está la contradicción entre dos importantes publicaciones académicas.
El vocablo bendito tiene muchos usos en los cultos religiosos, sobre todo en la Iglesia católica. Para adorar al Santísimo se canta: “Bendito, bendito, bendito sea Dios, los ángeles cantan y alaban a Dios…”. Pero el cántico más universal de la cristiandad es el Bendito o Benedictus, originado tras el nacimiento de Juan el Bautista, hijo de Isabel y Zacarías, quienes por avanzada edad ya no esperaban hijo, pero el Señor les concedió esa gracia.
Cuenta el evangelio de Lucas que Zacarías, un sacerdote del templo de Jerusalén, al nacer Juan entonó un cántico cuyos primeros versos dicen: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, /porque ha visitado y redimido a su pueblo, /suscitándonos una fuerza de salvación/ en la casa de David, su siervo, /según lo había predicho desde antiguo / por boca de sus santos profetas”. (Lc. 1,68-79).
De Benedictus se ha originado Benedicto, voz que funciona como nombre de personas. Dieciséis pontífices romanos lo han escogido para su identidad vaticana. El último ha sido Joseph Ratzinger, el papa Benedicto XVI.

