De pronto, despiertas escuchando a tu hija organizando su fiesta de 30 años y te preguntas ¿Cuándo y cómo pasó tanto tiempo? Esta vez como otras, no estás invitada a esa fiesta: es para amigos de su edad.
Como madre que estuvo en todas, te quedas a un lado disfrutando de ver el entusiasmo con que habla de ese encuentro en el campo, en el que por tres días realizan un programa con películas, caminatas, “la despedida de los 20” y fiesta…Se va y te deja llena de recuerdos sobre cada uno de los cumpleaños que le celebraste.
Cantar “cumpleaños feliz” a los hijos pequeños tiene más significación de lo que podemos imaginar. Hacerles fiestas aunque sean muy simples e íntimas, influye en la personalidad que se les va forjando.
Crecen con la imagen de la familia celebrando su vida y sus años y eso es un buen elemento para mantener en el baúl de los recuerdos. Ese recuerdo muchas veces borroso, está muy claro en su subconsciente y transmite un mensaje: “Fui un hijo o hija deseada y amada y mi presencia y crecimiento era motivo de alegría y fiesta”.
Para los padres también es bueno lo que queda en el recuerdo de esos festejos a nuestros hijos en sus primeros años: tener un baúl de buenos recuerdos no le hace daño a nadie. De camino, nos da la satisfacción de saber que como progenitores, no nos limitamos a proveer lo elemental. Hubo tiempo de calidad, expresiones de amor y gestión de momentos agradables.
Que sigan los festejos en la adultez. 30 años de vida merece festejarse. Feliz 30 a Marianny, feliz 30 de ser madre Mary Leisy.

