El reconocimiento a Aníbal de Castro con el Premio Nacional de Periodismo 2026 no responde a una coyuntura ni a una moda pasajera, sino al peso acumulado de una trayectoria que ha sabido conjugar permanencia, liderazgo y sentido ético en el ejercicio del oficio.
Hablar de De Castro es remitirse a más de medio siglo de periodismo activo, una continuidad que en sí misma constituye un valor excepcional en un contexto donde la fugacidad suele imponerse. Su carrera no ha sido lineal ni acomodaticia: ha estado marcada por la capacidad de adaptación, la lectura crítica de los tiempos y la firmeza en principios que no han cedido ante presiones coyunturales.
A ello se suma su papel como arquitecto de proyectos mediáticos fundamentales. Desde su dirección en el vespertino Última Hora hasta su rol como fundador y presidente de Diario Libre, De Castro ha demostrado que el periodismo no solo se ejerce desde la escritura, sino también desde la construcción de plataformas que sostienen la información y el debate público. En ese sentido, su legado es institucional, no únicamente personal.
Pero si hay un eje que articula su reconocimiento, es el de la ética. En tiempos de desconfianza hacia los medios, su trayectoria ha sido leída como un referente de independencia de criterio y compromiso con la verdad. No se trata de una postura abstracta, sino de una práctica sostenida que ha contribuido a preservar la credibilidad como valor esencial del periodismo.
Su aporte al pensamiento crítico constituye otra dimensión clave. A través de su trabajo, De Castro ha estimulado una conversación pública más reflexiva, menos dominada por la superficialidad y más orientada a la comprensión de los procesos políticos, económicos y sociales.
En un país como la República Dominicana, donde el debate democrático requiere constantemente de voces lúcidas, su presencia ha sido significativa.
Finalmente, su experiencia diplomática añade una perspectiva internacional que ha enriquecido su mirada periodística. Esta doble condición —periodista y diplomático— le ha permitido interpretar la realidad nacional en diálogo con el contexto global, ampliando así el alcance de su influencia.
En suma, el reconocimiento a Aníbal de Castro no premia un momento, sino una vida de ejercicio coherente del periodismo. Es, en esencia, la validación de una trayectoria que ha contribuido a definir estándares, a construir instituciones y a sostener, con rigor y responsabilidad, la palabra pública.
De Castro acumula más de 50 años de ejercicio profesional, lo que lo convierte en una figura histórica del periodismo dominicano. Su carrera continua y consistente fue uno de los principales argumentos del jurado.

