Hablar de aumento de sueldos para los senadores es una burla, sobre todo en un momento en que lo que se plantea es austerizar o racionalizar el gasto público para compensar el déficit con que opera el Gobierno, así como para satisfacer las crecientes demandas sociales de la población. Aparte, por supuesto, de los irritantes privilegios de que disfrutan los congresistas.
El presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, fundamenta la necesidad de elevar el sueldo de los miembros de la Cámara Alta en la distorsión en la remuneración de los congresistas que dice generó el improcedente y censurable reajuste de 50 mil pesos mensuales que se hicieron los diputados.
Explicó que un senador devenga 125 mil pesos mensuales, que llegan a 175 mil con los beneficios adicionales, en tanto un diputado recibe por el mismo concepto 200 mil cada 30 días. Pero Pared Pérez obvió citar como parte de los ingresos las exoneraciones para importar vehículos de lujo, el infame barrilito, las dietas, comisiones, oficinas con empleados pagados y sabrá Dios cuántos otros privilegios.
Se dice que hay senadores que devengan hasta dos millones de pesos mensuales, una exageración para servidores cuya principal función ha sido ratificar préstamos y otros contratos sometidos por el Poder Ejecutivo, pues ni siquiera se han ocupado de supervisar la aplicación de las leyes. Para lo que hacen, lo sensato sería, en el mejor de los casos, una reducción de sus ingresos.
Hace unos días se denunció que la presa de Monte Grande, en Barahona, fue iniciada sin siquiera contar con los estudios técnicos y otros detalles importantes para transparentar la inversión, pero los congresistas ni siquiera se inmutaron. Tampoco se tomaron la molestia en investigar las razones por las cuales el préstamo para el embalse de Palomino fue llevado de 80 millones de dólares aprobados en 2009 a 130.
Con epidemias como el dengue, el gravísimo problema eléctrico, la deficiencia del sistema educativo, la crisis en el suministro de agua potable y otros males que tornan desafiantes la deuda social, desmoraliza que el aumento de sueldos figure entre la preocupación de los senadores.
Colocar desde ahora en primer plano el interés salarial constituye un mal presagio en torno al período de seis años que desde el lunes próximo inauguran los congresistas electos el 16 de mayo. Con lo que reciben y en las condiciones en que está el país hablar de aumento de sueldo para los senadores es simplemente una burla.

