Editorial

Virus fatal

Virus fatal

Concluidas las elecciones congresuales y municipales, casi sin respirar, los partidos mayoritarios  arrancaron con desordenadas campañas internas para  escoger sus candidatos presidenciales a los comicios de 2012,  activismo  que se torna  en seria  amenazas a  su precaria unidad interna y pone  en riesgo de  desestabilización a  la muy débil democracia política.

Los partidos de la Liberación (PLD) y Revolucionario (PRD) se enfrentaron en una contienda electoral marcada por el clientelismo y la denuncia del vuelco de recursos del Estado a favor del oficialismo que, sin importar la condición de ganador o perdedor, causó deterioro en las estructuras dirigenciales  de ambas  organizaciones.

 Más de una docena de  pre candidatos ha salido a un improvisado ruedo electoral, sin que  los órganos de dirección de esos partidos hayan tocado clarinada,  en caótica parafernalia electoral que distrae la atención de la dirigencia política hacia los problemas  básicos de la sociedad.

Ese anárquico laborantismo en los intestinos partidarios afecta el desempeño del Gobierno,  donde por lo menos ocho de sus  funcionarios  figuran en las listas de  precandidatos activos o con mal disimuladas aspiraciones, lo que  provoca que las políticas oficiales se subordinen a los intereses de ministros-candidatos.

El problema  mayor en el PLD lo constituye una desbordante campaña por la repostulación del presidente Leonel Fernández, quien ha dicho sobre el particular que  el pueblo tendrá la última palabra, sin reparar que la Constitución que ha promovido su administración, prohíbe la reelección  presidencial.

El PRD, sin  sobreponerse aún de los  adversos resultados electorales, tiene ahora que lidiar con una temprana  campaña interna que, por  los ataques que se dispensan los precandidatos, se asemeja más a una especie de Coliseo Romano que a un sano ejercicio de pluralidad partidaria.

Para que se tenga una idea del grave peligro de crack institucional que se cierne sobre los litorales perredeista y peledeista, solo hay que señalar que  en el partido blanco no se sabe a ciencia cierta el número ni las identidades de todos los integrantes de su Comisión Política, mientras el PLD lleva nueve anos sin renovar sus cuadros intermedios y hace  tiempo que no convoca a su Comité Central.

Por los caminos que hoy transitan PLD y PRD, las mayores probabilidades  son de que se precipiten por el despeñadero de la división o  de que su crónica debilidad institucional degenere en incurable cáncer  de  división o atomización partidaria.

El Nacional

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