El sacerdote de Totalán, donde cayó el niño Julen, es hijo de Antonio Tejero
Ha sido una tragedia ocurrida el pasado mes de enero que ha estremecido a toda España. Un niño de 2 años de edad cayó en un pozo y no pudieron hacer nada para rescatarle con vida. Se precipitó por un hoyo de unos 25 centímetros y unos 100 metros de profundidad situado en Cerro de la Corona, cerca de la población malagueña de Totalán.
Desde que la familia avisara del suceso, más de 300 personas han trabajado sin descanso para rescatar al pequeño, aunque se han ido encontrando con varios contratiempos, especialmente por la inestabilidad del terreno.
Coincide que el párroco de dicha localidad es hijo de Antonio Tejero, el que era teniente coronel de la Guardia Civil conocido por guiar el intento fallido de golpe de Estado de 1981 en España, también conocido como 23-F por su fecha (23 de febrero).
Algunos mandos militares asaltaron el Palacio de las Cortes durante la votación para la investidura del candidato a la presidencia del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, del partido UCD, así como la ocupación militar de la ciudad de Valencia en virtud del estado de excepción proclamado por el teniente general Jaime Milans del Bosch, capitán general de la III Región Militar.
Antonio Tejero vive hoy en día gracias a su pensión, a la de su mujer y a lo que gana con los cuadros que le encargan. Se aficionó a la pintura en la cárcel y sus retratos y paisajes están muy bien pagados por la ultraderecha y se llegan a vender por 2.400 euros. Desde el día que obtuvo el tercer grado, se encuentra apartado y expulsado de la Guardia Civil, encerrado en su entorno familiar.
La iglesia del párroco Tejero está en la plaza Constitución. Desde allí el hijo del golpista ha actuado llevando alimentos a todo el equipo de rescate de Julen. Las campanas resuenan en la iglesia de Santa Ana del municipio malagueño.
Son campanadas de Gloria porque al fin «Julen ha resucitado y está en el cielo», dice, con ánimo, Ramón Tejero, el cura de la iglesia párroco del municipio desde hace cuatro años, cuando llegó de La Cala de Mijas, un municipio cercano a la zona, después de haber estado allí 18 años, y tras haber sido también misionero en Perú.
En esos lugares jamás se vivió nada parecido: la angustia de unos padres que esperaban mientras trabajaban en el operativo de rescate de su hijo de dos años y la entrega desinteresada del pueblo de Totalán, que se ha dedicado en cuerpo y alma a ayudar a los rescatadores y a la familia de Julen. Que Dios les ayude a superar su dolor.

