Voces y ecos



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La novela “El degüello de Moca”, de Bruno Rosario Candelier fue presentada el 29 de enero pasado en el recinto de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en Santo Domingo. De la ponencia expuesta allí he extraído estas reflexiones.

Valga decir que el autor ha estructurado su novela en tres partes, dividida en trece capítulos. La primera parte, titulada Nacimiento de la Villa, es de carácter fundacional, y guiado por la intuición Rosario reconstruye la historia de la fundación de Moca, con ayuda notoria de su imaginación.

La segunda parte de la novela, que incluye los capítulos 6, 7, 8 y 9, lleva por título Sangre en el templo. Es aquí donde se encuentra el clímax de la obra. Se narran los horrendos sucesos dirigidos por los jefes haitianos Dessalines y Henri Christophe, con una feligresía congregada en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario.

El autor lo cuenta así:

“Iniciado el oficio religioso y el templo lleno de gente, los soldados haitianos sorpresivamente cerraron las puertas de la iglesia. Desde temprano en la mañana se habían congregado cientos de mujeres, hombres y niños y, de inmediato los haitianos protagonizaron una sangrienta escena. El general Henri Christophe le había dicho a fray Pedro Geraldino, párroco de la iglesia, que respetaría la vida de los feligreses, pero todos los presentes en el templo, menos dos doncellas y un monaguillo, fueron degollados por los sables, puñales y bayonetas de los haitianos”. (pág. 96).

El templo fue quemado y con el incendio ocurrió la cremación de los cadáveres. Tres mujeres llamadas María testimoniaron al cronista lo sucedido. El autor retoca de mesianismo este pasaje por cuanto hace evocar las tres Marías que visitaron la tumba del Crucificado: María Magdalena, María la de Cleofás y María la madre de Jesús.

La tercera y última parte del volumen se titula Reto de la mocanidad. El primer compromiso comunitario fue la reconstrucción del templo. Y a seguidas “borrar los vestigios del fatídico degüello y restaurar el aliento colectivo”. (pág. 156).

Para elaborar su obra, Bruno se ha valido de un suceso real, aunque distorsionado por el tiempo y cuestionado por los historiadores, pero que está en la conciencia de los mocanos y aporta sentido de unidad a ese microcosmos.

Más que historia novelada, hablamos de una novela histórica, pero si la apreciable dosis de ficción con la que ha sido adobada le restara méritos para ostentar esa categoría, El degüello de Moca seguirá siendo una novela que narra un suceso sumamente interesante y desgarrador con estilo diáfano y muy propio de la obra literaria. Enhorabuena, pues.