Han pasado seis años desde que estuvimos obligados a llevar mascarillas al poner un pie fuera de nuestros hogares.
Cuando parecía que los recuerdos de aquellos tiempos, solo llegarían al encontrárnosla en cajones junto a los utensilios de limpieza, una nueva alerta sanitaria vuelve a ponerlas en la conversación.
En esta ocasión, el nuevo protagonista que pudiera provocar el regreso de las mascarillas es el hantavirus, una enfermedad de tipo zoonótico (se propaga a través de roedores), poco conocida pero potencialmente mortal, que en los últimos días ha acaparado cada titular alrededor del mundo tras detectarse en el crucero MV Hondius, el cual zarpó del sur de Argentina el 1 de abril, y cuya incubación es entre una a ocho semanas.
Su contagio inicia por la inhalación de partículas contaminadas procedentes de la orina, las heces o la saliva de roedores infectados, especialmente en espacios cerrados o mal ventilados.
A través de contacto directo: al tocar roedores vivos o muertos infectados, o las heces o la orina de estos; si se consumen alimentos almacenados en despensas a las que acceden roedores infectados; y a través de la mordedura o el rasguño de un roedor.
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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el hantavirus implicado y que ha mantenido atenta a la población mundial es el virus Andes, “la única especie conocida capaz de transmitirse de forma limitada entre humanos, en condiciones de contacto directo y prolongado”.
Es decir, entre miembros de la misma familia o parejas íntimas, “y parece más probable durante la fase inicial de la enfermedad, cuando el virus es más contagioso”.
¿Regresan las mascarillas?
Entonces, la pregunta surge casi al instante: ¿Debemos a usar mascarillas?
Aunque la población ha estado muy al pendiente a las noticias de la enfermedad, que hasta ahora ha cobrado la vida de 3 personas, la recomendación del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, en español) sobre el uso de cubre bocas se dirige a quienes realizan tareas de limpieza en lugares donde se sospecha la presencia de ratas o ratones.
Recomiendan colocarse la mascarilla antes de entrar a espacios cerrados durante mucho tiempo, ventilar este de forma natural y no barrer ni sacudir nada en seco; es decir, que cuando se limpie área contaminadas, estas se deben primero humedecer.
“Cuando se remueven la orina o los excrementos frescos de roedores infectados, así como los materiales que usaron para construir sus nidos, el virus puede pasar al aire. Usted puede infectarse por el virus al inhalar el aire contaminado. El virus también se puede propagar cuando la saliva, la orina o las heces de un animal infectado entran en el corte de la piel de una persona, o en sus ojos, nariz o boca”, explica el documento prevención y control de la referida entidad.
Por tal razón, resalta que es imprescindible el uso de una mascarilla de alta eficacia (FFP2, FFP3 o N95), junto con guantes desechables y protección ocular.

