Alcoholismo, violencia, consumo de drogas, impunidad, feminicidios y crisis moral son algunos de los flagelos que afectan la salud pública y cuyo crecimiento preocupa a la Sociedad de Siquiatras, que atribuyó la creciente agresividad que se registra en el país a la exclusión que padece gran parte de la población.
Es ese un diagnóstico aflictivo que retrata en cuerpo y alma a una sociedad atribulada por la inseguridad pública y la violencia intrafamiliar, donde la juventud desempeña papel protagónico como víctima y victimaria en un marco de precariedades institucionales y ausencia de valores.
Directivos de la Sociedad de Siquiatras, presidida por el doctor José Miguel Gómez, acudieron como invitados al almuerzo semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, y expresaron disposición de participar en la elaboración de políticas públicas que ofrezcan a la sociedad algunas opciones para disminuir la creciente cultura de violencia.
La adicción al alcohol y a las drogas se ha convertido en la primera causa de internamiento a nivel privado en el área de siquiatría, lo que revela la expansión de esos males que diezman principalmente a la población juvenil, y ha incrementado las enfermedades hepáticas, las úlceras, derrames cerebrales y las cardiopatías.
Los siquiatras han denunciado también la pobre cobertura para enfermos mentales, al punto que las Administradoras de Riesgos de Salud no incluyen en sus servicios atención a las enfermedades como el alzheimer, esquizofrenia, depresión, trastornos de conducta y adicción, lo que indica que la población está huérfana en materia de salud mental. Puede decirse que son más de 500 los locos del inolvidable Toñito Zaglul.
Atrapado
Ese muchacho de extracción humilde, cuya familia se manifestó avergonzada, distribuyó dinero ajeno entre los suyos y hasta adquirió armas de fuego, mientras se movía de un lugar a otro para evadir la intensa persecución policial.
Como era de esperarse, García Rojas cayó en manos de la justicia y ahora le esperan días amargos, pues seguramente será procesado por abuso de confianza, una previsión penal que prevé condena de por lo menos ocho años de prisión. El dirá que un gustazo, un trancazo, pero el castigo que sufrirá ha de servir de ejemplo para que nadie se atreva a seguir el ejemplo de ese mensajero.

