Editorial

  500 locos

  500 locos

Alcoholismo, violencia, consumo de drogas, impunidad,  feminicidios y crisis moral son algunos de los flagelos que  afectan la salud pública y cuyo crecimiento preocupa a la Sociedad de Siquiatras, que atribuyó la creciente agresividad que se registra en el país  a la exclusión  que padece gran parte de la población.

Es ese un diagnóstico aflictivo que  retrata en cuerpo y alma a una sociedad  atribulada por  la inseguridad pública y la violencia intrafamiliar, donde la juventud  desempeña papel protagónico como  víctima y victimaria en un marco de precariedades institucionales y ausencia de valores.

Directivos de la Sociedad de Siquiatras, presidida por el doctor José Miguel Gómez,  acudieron como invitados  al almuerzo semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, y expresaron disposición de participar en la elaboración de políticas públicas  que ofrezcan a la sociedad algunas opciones  para disminuir la creciente cultura de violencia.

La adicción al alcohol y a las drogas  se ha convertido  en la primera causa de internamiento  a nivel privado en el área de siquiatría, lo que revela la expansión de esos males que diezman principalmente a la población juvenil, y ha incrementado las enfermedades  hepáticas, las úlceras, derrames cerebrales y las cardiopatías.

Los siquiatras han denunciado también la pobre cobertura para enfermos mentales, al punto que las Administradoras de Riesgos de Salud no incluyen en sus servicios  atención a las enfermedades  como el alzheimer, esquizofrenia, depresión, trastornos de conducta y adicción, lo que indica que  la población  está  huérfana en materia de salud mental. Puede decirse que son más de 500 los locos del inolvidable  Toñito Zaglul.

Atrapado

 

La Policía  apresó hoy  en Las Guáranas, de San Francisco de Macorís, a Carlos David García Rojas, el mensajero que hace más de un mes  desapareció  con más de cinco millones de pesos,  de la empresa constructora donde laboraba, quien  durante ese tiempo  vivió del boato al adquirir vehículo de lujo y disfrutar de comidas y bebidas exóticas y la compañía de  muchas mujeres.

Ese muchacho de extracción humilde, cuya familia se  manifestó avergonzada, distribuyó  dinero ajeno entre los  suyos  y hasta  adquirió armas de fuego, mientras se movía de un lugar a otro para evadir  la intensa persecución policial.

Como era de esperarse, García Rojas cayó en manos de la justicia y ahora le esperan días amargos, pues  seguramente será procesado por abuso de confianza, una previsión penal que  prevé  condena de por lo menos ocho años de prisión. El dirá que un gustazo, un trancazo, pero el castigo que sufrirá ha de servir de ejemplo para que  nadie se atreva a  seguir el ejemplo de ese mensajero.

El Nacional

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