El pasado miércoles fue divulgada una entrevista formulada por Roberto Cavada al doctor Leonel Fernández, expresidente de la República y persistente aspirante a ese cargo. El periódico El Día reseñó el diálogo bajo el titular “Leonel Fernández exhorta al Gobierno a aplicar soluciones a corto plazo ante alzas del petróleo”.
De eso y otros asuntos de política internacional hablaron durante veinticinco minutos. Parece que faltó un redactor con venas para la crónica social, a menudo menospreciada por periodistas de otras áreas consideradas de mayor importancia. Me refiero a economía, política, deportes y crítica de artes.
Fernández dijo que Estados Unidos busca recuperar influencia en América Latina ante el avance económico y geopolítico de China. Es importante. Pero también es relevante lo que algunos no vieron como tal. Desde cuando saltó de su vida común, en 1996, hasta la fecha, nadie lo vio en mangas de camisa.
Pudo ser porque Fernández se aferra a lo que él ha llamado “los ritos del poder”, además de la influencia -quizá estudiada- de la figura del presidente Joaquín Balaguer, quien se ejercitaba en el parque Mirador vistiendo saco y corbata, zapatos formales, asimismo camisa blanca, pues nunca la usaba de otro color.
No había que decirlo, porque las imágenes lo revelaron, pues el doctor Fernández apareció en camisa manga corta, azul tenue y cuello azul liceísta. ¿A nadie llamó la atención? No conozco comentarios al respecto, sin embargo, el detalle encierra más relevancia que las declaraciones emitidas por el líder de Fuerza del Pueblo.
El primer efecto favorece a Fernández, pues durante décadas ha circulado la leyenda -ahora se desmiente- de que no usaba mangas cortas porque tenía los brazos llenos de tatuajes. Los dibujos sobre la piel sirven para estigmatizar a las personas que los llevan, partiendo del prejuicio de que son propios del bajo mundo.
Desde su primera presidencia en 1996, muchos han querido verlo a chaqueta quitada y han jurado que no lo hacía por la señalada situación. Si mostrar sus extremidades superiores fue una acción política, sugerida por algún estratega, me parece que ha sido juiciosa y certera. Desde ya, debe borrarse la invención de los brazos tatuados.
Alguna vez, durante una cumbre de jefes de Estado, en Punta Cana, LF apareció junto a otros mandatarios, en una playa, todos ellos en trajes de baño o bermudas, mientras el dominicano vestía gabán. Ese hecho reforzó la leyenda. Que hablara con cavada a chaqueta quitada va en favor de Fernández. Lo felicito.

