A rajatabla



Oleajes, vientos y ciclones.-

Desde el martes hasta Dios sabe cuándo, la sociedad estará sometida a un estrés electoral matizado por el tono áspero o catastrófico del discurso político que mercadean algunos candidatos y no pocos partidos, lo que obviamente colocaría en extrema tensión a los indicadores económicos.

He sido consistente en advertir que la economía no está blindada ante cualquier temporal originado en algún epicentro de crisis electoral ni mucho menos frente a oleajes o vientos ciclónicos provenientes del difícil entorno internacional.

La dominicana es una de las contadas economías que crecen con baja inflación, generando empleo y expansión, además de contar con el aporte de diversos sectores productivos, y no solo de commodities básicos, sino también de servicios.

En adición a lo señalado, se resalta que el Gasto Publico del Gobierno refleja una filosofía de distribución del ingreso alejada del neoliberalismo o capitalismo salvaje sin acercarse al populismo irresponsable, por lo que de alguna manera expresa voluntad del promover justicia social.

El crecimiento económico se sostiene en la sonrisa de su gente y en la dirección que tomen los vientos de la economía mundial, en especial la de Estados Unidos y, aunque usted no lo crea, la de Haití, además de estar atada a indicadores monetarios altamente volátiles como el tipo de cambio.

El asesinato de un general iraní por órdenes del presidente Donald Trump provocó el inmediato incremento de cuatro dólares en el barril de petróleo, lo que significa un alza de 256 millones de dólares en la factura petrolera dominicana. Hay que imaginarse lo que ocurriría si ese conflicto tiene un escalamiento mayor.

Aunque se prevé que la economía de Estados Unidos crecería este año 2.1%, las inversiones se reducen a causa de la incertidumbre que provoca el juicio político encaminado a Trump, las elecciones de noviembre, las crisis del cercano oriente y de la península coreana, y la guerra comercial con China, entre otros factores.

No hay que ser un mago para decir que cualquier estornudo en Bagdad, Teherán, Pyongyang o Washington impactaría negativamente sobre fuentes vitales de la economía local como turismo, remesas, inversión extranjera directa y exportaciones.

No es ocioso, entonces, reclamar al liderazgo político mayor sensatez en la campaña electoral y después de las elecciones, mejorar sustancialmente el debate electoral, con temas como reforma electoral, pacto eléctrico, endeudamiento, seguridad social y sistema pensional.

Es un error de graves consecuencias siquiera pensar que se puede acceder al Poder sobre las cenizas de una economía que ha crecido sobre un 6% en promedio por más de diez años. Ningún candidato debería promover retroceso político ni económico.