El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con Leonel Fernández y Danilo Medina a la cabeza, corrompieron todas las instituciones del Estado, corroborando la tesis de que el “poder absoluto lo corrompe absolutamente todo”.
Con el control absoluto de la Junta Central Electoral (JCE) y del Tribunal Superior Electoral (TSE) le dieron ganancia de causa en más de 20 ocasiones al débil Partido Revolucionario Dominicano (PRD), encabezado por el ingeniero (no político) Miguel Vargas, facilitando una alianza entre el expresidente Hipólito Mejía y el posterior candidato presidencial Luís Abinader para formar el Partido Revolucionario Moderno (PRM), un nueve (9) de marzo del 2015.
El PLD debilitó al Partido Reformista Social Cristiano al que le debía el poder tras el acuerdo rastrero y racista en contra del doctor José Francisco Peña Gómez, con el presidente Joaquín Balaguer. Para esos fines utilizó al ingeniero Carlos Morales Troncoso, entre otros dirigentes del otrora poderoso partido reformista, hasta convertirlo en un partido “bisagra”. El PLD necesitaba crecer y sólo podía hacerlo con los votos reformistas, no con los votos del PRD, que para entonces era “un voto duro”.
Destruyeron el Partido Reformista, afianzada la estructura corporativa corrupta del PLD, marcharon tras el PRD, comprando parte de la familia del propio líder fenecido, doctor Peña Gómez, y otros dirigentes importantes, incluyendo, por supuesto, al presidente de facto de la organización “opositora”, Miguel Vargas, quien traicionó la memoria del líder Peña Gómez y del candidato Hipólito Mejía, negándose a subirse en una patana para buscar los votos del triunfo de su propio partido.
A los dirigentes Hipólito Mejía y Luís Abinader, acompañados de sus respectivos seguidores, no les quedó más alternativa que fundar el PRM, que continúa unido gracias a la sensatez y el buen juicio de sus figuras fundamentales, Hipólito y Abinader, que decidieron escoger, a José Ignacio Paliza como presidente y Carolina Mejía, secretaria general.
La historia dice que el PLD incidió grandemente en la división del PRD al darle ganancia de causa a Miguel Vargas que no era más que un mequetrefe, sin liderazgo ni formación política, obligando a dos líderes como Hipólito y Abinader a formar el PRM, que, cinco años más tarde, lo sacó del poder en 2020.
Las ambiciones desmedidas de Danilo Medina, de querer reelegirse a toda costa, que tampoco tenía formación política ni cultural, pues nunca se ocupó de estudiar ni de leer, produjo la división, convirtiendo a Leonel en un tránsfuga cualquiera autorizado por la JCE, adquiriendo el Partido de los Trabajadores Dominicanos (PTD) (del cual fui fundador al ser dirigente provincial, en Barahona, de la Línea Roja del 14 de Junio.

