Al cumplirse hoy 61 años del estallido de la Guerra de Abril de 1965, la nación dominicana recuerda el levantamiento cívico-militar más trascendental de su historia contemporánea, donde miles de dominicanos perdieron la vida.
Aquel 24 de abril, el país se sumergió en una lucha patriótica con el firme propósito de restaurar el gobierno constitucional del profesor Juan Bosch, cuyo mandato legítimo de 1963 había sido interrumpido abruptamente al ser víctima de un golpe de Estado. Su mandato se limitó a siete meses.
El conflicto, que se extendió hasta el 3 de septiembre de 1965, tuvo como escenario la ciudad de Santo Domingo. Este hecho no solamente representó una demanda política por el retorno a la legalidad, sino que se convirtió en una cruenta contienda civil que dejó cicatrices en la República Dominicana.

El punto de inflexión que detonó la sublevación fue el golpe de Estado perpetrado contra el presidente Bosch el 25 de septiembre de 1963, hecho que, sin duda, fragmentó el panorama político nacional.
A partir de ese momento, los esfuerzos por reanudar el orden constitucional se intensificaron en la clandestinidad, uniendo a diversos sectores de la sociedad que defendían la Constitución de 1963 como única vía para garantizar los derechos civiles y el progreso del país.
Revolución de Abril
Aunque no existe una estadística exacta y definitiva sobre las víctimas fatales, algunos historiadores dominicanos estiman en unos 5,000 los muertos en abril del 1965, cifra que incluye militares, civiles y desaparecidos.

El golpe llevó al general Elías Wessin y Wessin a organizar a los militares leales al presidente Donald Reid Cabral, quien encabezaba el segundo Triunvirato, iniciando una agresiva campaña represiva contra los denominados rebeldes constitucionalistas.
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La magnitud del conflicto atrajo el interés del gobierno de Estados Unidos. Su presidente, Lyndon B. Johnson, ordenó el desembarco de 42,000 marines en territorio dominicano.
Dicha intervención militar tuvo como pretexto impedir la propagación de una supuesta violencia vinculada al comunismo. Esa teoría luego cambió; para algunos en Washington, «no se quería otra Cuba en el Caribe».

A pesar de la presencia norteamericana, el espíritu de la revuelta se mantuvo firme y, el 25 de abril, multitudes desbordaron las calles celebrando el inicio de la revolución.
Ya en horas de la tarde de ese día, en medio de un clima de extrema tensión y caos, el doctor José Rafael Molina Ureña tomó posesión como presidente provisional, asumiendo la responsabilidad de dirigir el gobierno constitucional en armas.
El movimiento constitucionalista contó con un liderazgo militar de gran calibre, encabezado por el coronel Rafael Fernández Domínguez, ideólogo del movimiento y el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, Juan María Lora Fernández, Manuel Ramón Montes Arache, Miguel Angel Hernando Ramírez y Francisco Alberto Caamaño Deñó y otros.
Para el historiador Juan Daniel Balcácer, ambos oficiales personificaron la dignidad militar puesta al servicio de la voluntad popular y la defensa de la patria frente a la bota extranjera.
Agrega que ese hecho tuvo muchos líderes políticos y militares, pero que, en el plano civil, la figura predominante fue Juan Bosch, como máximo líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), organización que motorizó el contragolpe militar contra el Triunvirato.
En el ámbito civil descollaron personalidades tales como: José Francisco Peña Gómez, Antonio Guzmán, Jottin Cury, Héctor Aristy, entre otros.
De su lado, la Asociación de Combatientes Constitucionalistas y la Fundación de Militares Constitucionalistas consideraron que la “Guerra de abril de 1965” no ha sido valorada en su justa dimensión por los dominicanos.
Andrés Fortunato, presidente del gremio, califica de “penoso y denigrante” que los libros de texto de la educación pública no recojan esa epopeya como uno de los acontecimientos que debe ser debatido en las aulas para que las presentes y futuras generaciones tengan un concepto claro sobre sus aportes.

