Acerca de cuarentena

Susi Pola


En mi vida, hubo otro confinamiento, esta vez por epidemia, no por pandemia. Fue a mis nueve años, finalizando mi tercer grado de primaria, con clases suspendidas, por cierto.
Se trató de la epidemia de poliomielitis que asoló a Argentina en 1956, con 6,500 casos positivos, principalmente, niños y niñas, con una mortalidad del 10%. Las familias, aterrorizadas, usaron litros de cloro para limpiar, y las casas, hasta eran pintadas con cal, para alejar el mal que mataba o dejaba secuelas que afectaban las piernitas de quienes infectaba.
La Polio, llamada hasta entonces, “la debilidad de las extremidades inferiores”, es una enfermedad producida por un virus que, a través de alimentos, agua, materias fecales, una vez alojada en el intestino, ataca el sistema nervioso motor, causando parálisis o causando la muerte. Para nuestra suerte, el médico estadounidense Jonas Edward Salk, en 1953 había conseguido aislar y desactivar el virus de la polio, inyectándolo en dos dosis que desarrollaban anticuerpos en el 90 por ciento de los casos.
En 1955, el médico polaco radicado en los Estados Unidos, Albert Sabin, partiendo de lo investigado por Salk desarrolló una vacuna oral, mucho más eficaz que la inyectable, y lo demás, es historia: en 2018, la Organización Mundial de la Salud, OMS, señaló que es la segunda enfermedad humana erradicada en el mundo, después de la viruela.
He tratado de pensar mucho en aquella experiencia vivida a los 9 o 10 años, buscando semejanzas con esta cuarentena a causa de la pandemia de virus coronados que, sabemos, no son los más fáciles, y encuentro similitudes, a pesar de la gran diferencia de edad.
Al igual que entonces, hoy, pertenezco también, a la población de mayor riesgo a contraer la enfermedad, en este caso, a la población adulta mayor. En ese momento, fueron papá y mamá que asumieron mi cuidado y hoy, soy yo quien debe hacerlo.
Sigo pensando que el desinfectante número uno, por su sencillez, fácil acceso y bajo costo, es el cloro, debidamente diluido en agua, y es lo que uso para desinfectar.
Es coincidencia, la clausura total, el confinamiento, cierre de escuelas, población en peligro, aislada del resto, y prácticas limpias y sanas, física y mentalmente, como mejor medicina.
La gran diferencia de situaciones, es a favor: este corona no está en el aire, ni contamina la comida, hay manera de evitarlo.

Mi último pensamiento es para este girar de la vida que nos devuelve permanentemente a las vivencias pasadas. Y claro, a la vacuna que seguramente, llegará pronto.