Al colega y poeta Johnny Cruz, que se murió sin yo quererlo
He estado y pasado por la vida de tanta gente, la más de las veces muy superficialmente; con otros he caminado largos trechos, medidos en tiempo, con propósitos y planes comunes. La familia, generalmente, son de relaciones permanentes. Los amigos van y vienen y los que se sostienen largo tiempo es gracias a afectos comunes y una manera similar de ver la vida.
Con las parejas es diferente, hay quienes logran permanecer, no necesariamente en base al amor, y eso es bueno; solo hay que ver a costa de cuánto perdieron de ellos mismos, éstos, muchas veces, viven enrostrándole a los otros que no han tenido largas existencias de pareja como si fuesen superiores porque ellos la han sostenido; nadie sabe en el mundo que vive cada quien con alguien que no nació siendo familia, y que se supone debe acompañarle toda la vida, muchas veces es un infierno y es menester, como popularizó Danny Rivera y Eddie Gourmet, la canción que escribió, y también cantó, José Feliciano con Lany Hall “Para decir adiós”.
Te puede interesar: El primer chip de PUCMM: alcance real y límites del anuncio
Con la vejez encima miro hacia atrás y aprecio cuantos solo se han acercado y valido de mí para satisfacer anhelos propios; es probable que yo también lo haya hecho, pero me excuso alegando que nunca fue mi intención primaria, siempre creí que estaba brindando un servicio a los demás.
Ahora, que echo esa mirada hacia atrás, recuerdo las palabras que me dijo en una entrevista para mi canal de Youtube, el poeta, colega y compañero de promoción Bernardo Cedeño, y que posteriormente leí en la red atribuida a Pablo Neruda:
“No pienso ni celebro los años vividos, solo me importan los que me quedan por vivir, que ojalá pasen de veinte”. Eso también espera el que hace “algo más que salud”.

