Articulistas Opinión

Adiós, Eduardo

Adiós, Eduardo

Pedro Pablo Yermenos

Hay solicitudes tristes. Dolorosas. Pero paradójicamente honrosas. Recién agoté una de ellas. Cuando mi prima Arelis me llamó para pedirme que escribiera algo para despedir a Eduardo, fue una sacudida del alma que me hizo empezar a convivir con una de esas verdades que nos negamos a aceptar.

Dije que era una oportunidad ineludible. Eduardo y yo nos elogiábamos mutuamente. No escatimaba palabras para ponderar mis escritos. Se ilusionó con mi presentación ante el CNM. Por eso, esa infausta ocasión constituyó el momento propicio para entregarle a mi primo, mi último obsequio.

En su morada final, donde descansarán para su anatomía extensa y su corazón bondadoso, acudí a decirle que fue motivo de orgullo para nuestra familia. Que no hubo lugar de los que frecuentaba; que no existió sector social o profesional con los que interactuaba; que no conocimos personas que le trataran, de los que no recibiéramos valoraciones elogiosas sobre su persona.

Quise susurrarle en sus oídos inertes, que siempre reconocimos al profesional capaz y consagrado que fue; que dirigió Cedimat con entrega y eficiencia; al deportista que representó nuestro país en playas extranjeras; al amigo solidario; al esposo y padre responsable, quien jamás eludió responsabilidades por adversas que fueran las circunstancias; al hombre de coraje, que lejos de rendirse cuando aquella funesta noticia sobre su salud, se repuso, buscó soportes científicos y espirituales para dotarse de herramientas que propiciaran el equilibrio químico en su cuerpo amenazado.

Jamás se sintió derrotado. Venció al monstruo durante cinco años. Como luchan los grandes, los fuertes, los valientes. Los que no se arredran ante el infortunio.

En ese momento definitivo, agradecí la complicidad que compartíamos. Cuando a uno y otro nos preguntaban qué éramos, sin haberlo acordado previamente respondíamos: Legalmente primos, pero hermanos en trato y afectos. Por eso, “Viejo Bello”, el dolor, mío y el de mis hermanos, no se reduce a decir adiós a un primo. Hemos perdido al séptimo hijo de su Mamá Yiya y su Papá Bito.

Gracias a quienes nos acompañaron por encima de los “tiempos recios” que corren. Son testimonios de que, ante una vida como la suya, no existen barreras que impidan manifestar solidaridad a quien merecido lo tiene.
Vete en paz, Hermano querido, que quienes te sobrevivimos, cuidaremos tu memoria y abonaremos la tierra que con tanto esmero sembraste para que los frutos de tu semilla puedan germinar a lo largo de los años.

Pedro Pablo Yermenos

Pedro Pablo Yermenos