Opinión

Ahora, quiere hablar, ser descarado, haciéndose el orate

Ahora, quiere hablar, ser descarado,  haciéndose el orate

Rafael R. Ramírez Ferreira

Por las expresiones ilusorias, como muestra de su manifiesta indolencia, o quizás por algún tipo de patología o ironía perversa, ha o han dejado demostrado, lo desaprensivos que fueron o fue. Pero él, como cabeza ciega, sorda y muda que fue, donde nunca pudo percibir la hediondez de sus alrededores, principalmente, y esto es lo más descarado, de su propio entorno familiar, ahora se destapó diciendo, que nadie lo avergonzaría, constituyendo esta expresión quizás, lo único verdadero que ha expresado después de tantas indelicadezas, porque para avergonzarse, primero hay que tener vergüenza.

Hasta hace unos años, parecería algo impensable, que volviese a aparecer en este solar, un Clan familiar, siquiera parecido a los Trujillo, pero, apareció y de qué manera. Si se suman todas las cantidades que demuestran hasta ahora las auditorías realizadas, más la increíble cantidad de muebles e inmuebles obtenido por este Clan, en cuestión de una década, fácilmente, se cubre el presupuesto nacional para ocho o diez meses, pero, él no vio ni sintió nada, siquiera el hedor que tenía en las espaldas, porque al parecer, tampoco olía.

Ese Clan perverso, se convirtió en algo parecido, a la plaga de sangre que, según el Antiguo Testamento, asoló a Egipto, pero que no afecto a aquellas personas que habían sido prevenidas y que habían llenado sus jarras y cisternas con agua limpia, pero que estos privilegiados se encargaron de llenarlas con el erario, donde al parecer, hasta los mamando, tuvieron participación en las indelicadezas cometidas.

Por eso, después de haber bañado a este pueblo con la más putrefacta materia fecal, como lo es la corrupción y el abuso desmedido en el uso de los recursos del Estado, como, quizás, sinónimo de robo, me da por parodiar, como si yo fuese representante del pueblo y, ante las expresiones de este señor de las tinieblas, las letras de una vieja canción titulada Miseria, a ver somo me sale: “Caminé como pueblo, con los brazos abiertos, por hallar un camino, un solo gesto de honradez y, ¿qué es lo que tengo? ¿y tú que me diste? Tan solo mentiras, cansancio…. Miseria. Despojos nada más, que llevamos como una tragedia escondida dentro de nuestros sufrimientos. Migajas de todo, limosnas que según su Clan era lo que merecíamos, eso y solo eso, fue lo que nos dejaron, tratándonos como si fuésemos un ser malvado o como simples animales”.

Hicieron que una gran mayoría del pueblo llegase a pensar, en base a dádivas y circos mediáticos, que el ocio, el botar el golpe, el esparcimiento gratis era la regla, porque esto convenía a sus intereses particulares. Y es que todo eso, era simplemente diversión, que no son malas, pero, no significaban obligaciones y por eso la convirtieron en algo pecaminoso, porque cuando los deleites los convierten en una razón para vivir, y no como una buena recompensa por el sacrificio llevado a cabo, incitan al famoso “dao” y el continuo crecimiento de los mal llamados “pobres padres de familia”, quienes prefieren el “bono”, a trabajar por una paga.

Ese perverso Clan, al parecer, llego a creer que el dinero mal habido los haría más inteligentes y sabios, pero a lo único que llegaron, fue a ser más engreídos y malsanos.

Y es que, al parecer, su paupérrimo origen, no le permitió conocer lo que alguien escribió, que la vida debería de ser como una sinfonía, donde las partes más sonoras de la partitura representan nuestros logros públicos; las más suaves, nuestra vida privada, pero que, en medio de tantos y variados clientelismos y farandulearías, han perdido su esencia, creando confusión entre el equilibrio de ambas. Chapuceros corruptos, inmorales e insaciables, eso fueron, y, tienen que pagar. ¡Sí señor!

Rafael R. Ramírez Ferreira

El Nacional

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