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Alberto Beltrán el más olvidado

Alberto Beltrán el más olvidado

La música y palabra en busca de su equilibrio es el bel canto. En realidad, es una técnica de canto de origen italiano, que surgió en el siglo XVI y que tuvo su máximo esplendor durante el gran auge de la ópera europea en el siglo XIX.

Nos podemos imaginar un cantante solista, acompañado de una orquesta de cámara, exhibiendo orgulloso su adornada y ágil voz en un lujoso salón de una época que idolatró el espectáculo del control absoluto de la voz como instrumento.

República Dominicana fue colocada en el mapa artístico internacional por Alberto Beltrán

La idea de considerar la voz igual que cualquier instrumento de la orquesta, como el clavicordio, un arpa o violín que significó el primer pasó en la creación del bel canto. Su historia esconde uno de los momentos de virtuosismo del canto y la voz que te invitamos a conocer.

Alberto Amancio Beltrán, un extraordinario cantante dominicano. De niño, alcanzó una formación básica ya que la situación económica lo obligó a vender golosinas por las calles.

A los catorce años se sintió atraído por la música y debutó como cantor aficionado en la radio. Esta primera incursión artística lo llevó a recibir clases de canto especializado.

En 1951 emigró a Puerto Rico. Grabó con Los Diablos del Caribe, agrupación de Mario Hernández, el tema, El 19, de Radhamés Reyes Alfau. Después, viajó a Cuba, primero a Santiago y luego a La Habana; el 15 de julio del 1954, laboraba con la cantaautora boricua Myrta Silva, en Radio Mambí.

En 1951, 16 de agosto, fue requerido por la Sonora Matancera de Cuba y colocó su preciada voz a la composición Ignoro tú existencia, de Rafael Pablo De la Mota y Aunque me cueste la vida, de la inspiración del dominicano Luis Kalaff. Ambos temas, a ritmo de bolero.

El negrito del batey, compuesto por Medardo Guzmán el 16 de noviembre y grabado por Alberto Beltrán lo colocó en el estrellato internacional.

De ahí, el sobre nombre único y auténtico, El negrito del batey. Su éxito siguió con el bolero, Todo me gusta de ti, de Cuto Estévez, Enamorado, de la musa de José Balcácer. 

Hay que destacar que los cubanos pensaban que Alberto Beltrán era de ese país. Él siempre aclaró esa situación, y siempre se colocaba en la solapa de su chaqueta la efigie de la bandera dominicana con orgullo nacionalista. El 18 de enero de 1955 grabó sus últimas canciones con la orquesta La Sonora Matancera.

En Venezuela dejó algunos registros fonográficos con las agrupaciones: Sonora Caracas, Los Megatones de Lucho y la Orquesta de Jesús Sanoja (Chucho). Contratado por el eminente músico dominicano residente en Venezuela, Billo Frómeta. Tiempo después, graba dos álbumes en Cuba: Evocación (1956) y La Lisa-Maracaibo; y compartió créditos con el cantante cubano Carlos Díaz.

República Dominicana fue colocada en el mapa artístico internacional por Alberto Beltrán, real, El negrito del batey. En el país no ha sido reconocido por el Ministerio de Cultura, Ministerio de Educación y menos por la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte).

Alberto Beltrán le dio la oportunidad, en su época cimera, al cantante Joseíto Mateo para actuar en Cuba. Dignidad humana, destinado a cantar en escenario. Su robustez y resistencia marcaron con luz indeleble, por su talento creativo, calidad y colores vocales que tocaron los cielos.

Alberto Beltrán le dio oportunidad al cantante Joseíto Mateo para actuar en Cuba

El artista dominicano no ha recibido una reivindicación a su venerable memoria. Hay que mirar con humanismo esta realidad y enfocarlo cristianamente para que conduzca a la fraternidad y solidaridad compartida de Alberto Beltrán.

El autor es periodista, analista social y geopolitólogo.

Por: Maguá Moquete Paredes / [email protected]

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