Opinión Articulistas

Alea jacta est

Alea jacta est

Rafael Ciprián

Este año nuevo 2026, con todo lo que tiene de esperanzador y brumoso, por el idealismo que despierta y por el pesimismo que arrastramos del escandaloso 2025, es lo que más se parece al río Rubicón del imperio romano para el gobierno del presidente Luis Abinader y del oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM).

En este año se producirán las condiciones que decidirán, irremisiblemente, los resultados de las elecciones nacionales del 2028. Todo dependerá de lo que haga o deje de hacer, por un lado, el Gobierno y, por el otro lado, la oposición política.

Si el gobierno de Abinader y el PRM se dilata en ejecutar las medidas necesarias para detener la subida de los precios de los artículos de la canasta familiar, que ya duplican el salario promedio de las grandes mayorías; si no asegura y amplía los servicios públicos y evita escándalos de corrupción administrativa como el de Senasa, será derrotado en los comicios venideros.

Si el PRM es desalojado del Poder, se convertiría en una entelequia electorera, como lo es actualmente la franquicia del viejo Partido Revolucionario Dominicano (PRD), sin posibilidades de regresar al Gobierno antes de treinta años, si no ha desaparecido en esas tres décadas.

Para el presidente Luis Abinader, este año es el momento de lanzar la consigna del gran emperador romano Julio César, al momento de pasar el Rubicón. Debe exclamar: Alea jacta est, o sea, la suerte está echada.

Esto así porque si el PRM es desalojado del poder a partir del 2028, al presidente Abinader le pueden esperar sorpresas muy tormentosas. Podrían hasta desconsiderarlo con procesos judiciales que recordarían el llamado “Juicio del siglo” que se le hizo al fenecido expresidente Salvador Jorge Blanco. Todo apunta hacia allá, y están preparados los francotiradores con miras telescópicas.

Sobran en la actualidad los hechos y especulaciones de malos manejos de fondos públicos que pueden manipularse para sacrificar al presidente Abinader, como el activo político más valioso que tiene el partido gobernante. Poco importará su desvelo por la buena imagen pública, ni su responsabilidad de judicializar los casos de corrupción administrativa que se han presentado, ni su esfuerzo por una Procuraduría General de la República y el Ministerio Público independientes, ni su auto impedimento constitucional para volver al Poder, ni el anhelado legado de honestidad, transparencia y eficacia gubernamental que desea dejar.

Los miopes en política o los dirigentes del PRM que no saben mirar después de la curva, y sobre todo los que se emborrachan con las mieles del poder pueden ser agarrados azando batatas.

Pero el presidente Abinader debe estar precavido. La suerte quedará echada este año, con miras a las elecciones del 2028.